(Cinco Días, 28-05-2026) | Mercantil, civil y administrativo

Los mercados atraviesan momentos de máxima tensión. Los recientes ataques de Estados Unidos contra posiciones iraníes y la ofensiva israelí en Líbano han vuelto a evidenciar lo delicado del alto el fuego en la región. A pesar de ello, los inversores continúan confiando en que pueda alcanzarse algún tipo de acuerdo diplomático. La volatilidad sigue dominando la evolución de los activos financieros, aunque en los últimos días se percibe una cierta mejoría en el sentimiento del mercado. Después de varias sesiones marcadas por el aumento de las expectativas de inflación y de tipos de interés, que provocaron ventas tanto en bolsa como en deuda, empieza a abrirse paso una mayor tranquilidad.

En este escenario, el Tesoro español ha decidido aprovechar la mejora del entorno para continuar con su estrategia de financiación. Tras completar las emisiones ordinarias previstas para mayo, el organismo ha optado por acudir al mercado mediante una colocación sindicada de deuda. A diferencia de las subastas habituales, este tipo de operaciones se ejecutan de forma más flexible y cuentan con la participación de varias entidades financieras encargadas de colocar directamente los bonos entre los inversores.

La operación contempla una emisión de entre 12.000 y 13.000 millones de euros y ha despertado un elevado interés desde el inicio. Nada más abrirse el libro de órdenes, la demanda superaba los 78.000 millones de euros y, poco después, ya rebasaba los 130.000 millones. Esta fuerte acogida ha permitido mejorar las condiciones de financiación: el diferencial inicial de ocho puntos básicos sobre el bono español a diez años se redujo rápidamente hasta seis puntos.

Pese a ello, el contexto internacional sigue condicionando el apetito inversor. Aunque la economía española mantiene una buena imagen entre los mercados internacionales, la incertidumbre derivada de la guerra y su posible impacto sobre la inflación y el crecimiento económico ha moderado el entusiasmo respecto a operaciones anteriores. La última emisión sindicada a diez años recibió órdenes por valor de 144.900 millones de euros, mientras que la referencia a 30 años colocada un mes después registró una demanda de 119.000 millones.

La alteración de las cadenas de suministro globales se ha convertido ya en una realidad evidente. Dos meses y medio después del inicio de la crisis en Oriente Próximo, y con la presión creciente sobre rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz, los organismos internacionales han comenzado a rebajar sus previsiones económicas. El diagnóstico general apunta a una desaceleración del crecimiento mundial.

Aun así, España continúa mostrando un comportamiento relativamente sólido dentro de este entorno complejo. El Fondo Monetario Internacional prevé que la economía española crezca un 2,1% este año, por debajo del 2,8% estimado para 2025, pero claramente por encima del 1,1% previsto para el conjunto de la eurozona. La Comisión Europea mantiene incluso una visión más favorable y sitúa el crecimiento en el 2,4%, ligeramente por encima de las previsiones oficiales del Gobierno.

Sin embargo, la economía española tampoco escapa a la incertidumbre monetaria ni al clima político. La deuda pública sigue siendo bien recibida por los inversores, aunque también refleja el impacto de unas expectativas de tipos de interés más elevados. En las últimas sesiones, la rentabilidad del bono español se ha relajado ligeramente, siguiendo la tendencia observada en otras referencias como la alemana o la estadounidense. Aun así, continúa algo por encima de los niveles registrados a comienzos de año, cuando el mercado esperaba una política monetaria más gradual por parte del Banco Central Europeo.

Con la próxima reunión del BCE en el horizonte, los inversores dan prácticamente por hecho un nuevo movimiento por parte de Christine Lagarde. No obstante, algunos expertos, como Enguerrand Artaz, estratega de La Financière de l'Échiquier, alertan de que subir tipos en el contexto actual podría reproducir errores cometidos en 2008 y 2011, cuando el BCE endureció su política monetaria en plena desaceleración económica. En su opinión, no existen razones suficientes para asumir ese riesgo. Otros analistas consideran incluso que, de no haberse producido el fuerte repunte inflacionario de 2022, los bancos centrales optarían ahora por una postura mucho más prudente.

A la incertidumbre internacional se suma además el deterioro del escenario político interno. El Gobierno todavía no ha conseguido aprobar los Presupuestos Generales del Estado y la agencia Fitch ya ha advertido de las crecientes dificultades para lograr los apoyos necesarios. La pérdida de respaldo parlamentario y el aumento de la tensión política han vuelto a alimentar las especulaciones sobre un posible adelanto electoral, una hipótesis que el Ejecutivo rechaza y que, por el momento, no parece estar reflejada en los mercados. La prima de riesgo española, uno de los principales indicadores de confianza financiera, permanece estable por debajo de los 45 puntos básicos.

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