(La Vanguardia, 22-09-2026) | Mercantil, civil y administrativo

Los hogares europeos mantienen una elevada capacidad de ahorro, pero destinan una parte muy reducida de ese dinero a la inversión y, cuando lo hacen, con frecuencia optan por activos situados fuera de Europa. El 80% de las familias de la zona euro no tiene acciones cotizadas ni participaciones en fondos de inversión. Cerca de 10 billones de euros permanecen así en cuentas bancarias y depósitos con una rentabilidad muy reducida o prácticamente inexistente, según un estudio reciente de cinco economistas del Banco Central Europeo (BCE), dirigido por Laura Parisi.

El informe, titulado 'Why Europeans save differently - and how to put those savings to work', analiza los hábitos financieros de los hogares europeos a partir de una amplia encuesta. Sus conclusiones dibujan un perfil de ahorrador especialmente conservador, condicionado por el temor a asumir riesgos, un conocimiento limitado de los mercados financieros y una menor confianza en las alternativas de inversión.

La vivienda continúa siendo el principal destino del patrimonio de las familias europeas. Más del 60% de los hogares concentra la mayor parte de su riqueza en activos inmobiliarios, principalmente en la vivienda habitual. Al mismo tiempo, una de cada cuatro familias mantiene su dinero en cuentas corrientes o depósitos de baja remuneración. En cambio, solo el 4% destina una parte significativa de su patrimonio a acciones, bonos o fondos de inversión.

La diferencia respecto a Estados Unidos resulta especialmente significativa. Mientras la tasa de ahorro de los hogares europeos se sitúa en niveles elevados, en Estados Unidos no alcanza el 50%. Además, entre los hogares con mayor patrimonio, alrededor del 65% posee acciones, fondos o bonos, frente al 45% registrado en Europa.

Los economistas del BCE consideran que esta menor participación de las familias de la zona euro en los mercados de capitales no responde únicamente a su capacidad económica. También intervienen los hábitos financieros, la oferta de productos disponibles y las diferencias entre las estructuras institucionales de ambos lados del Atlántico.

El estudio destaca, además, que una mayor movilización del ahorro podría contribuir tanto a la economía europea como al patrimonio de los propios hogares. Según los autores, canalizar estos recursos hacia los mercados de capitales puede favorecer la financiación de la innovación, la productividad y el crecimiento a largo plazo, al tiempo que permitiría a las familias obtener una mayor rentabilidad y acumular patrimonio con el paso del tiempo.

Esta cuestión también tiene una dimensión estratégica para la Unión Europea. La Comisión Europea ha planteado en distintas ocasiones la necesidad de conseguir que una mayor parte del ahorro generado en Europa se canalice hacia empresas y proyectos europeos, en lugar de terminar financiando mercados de otras regiones, especialmente Estados Unidos, que concentra una parte muy elevada de la capitalización bursátil mundial.

El BCE apunta que la menor inversión de los hogares europeos tiene varias causas. El riesgo percibido aparece como el principal freno a la entrada en acciones y fondos de renta variable, al que se añaden la falta de conocimientos financieros y la limitada confianza en los mercados. Los propios autores subrayan que las diferencias de participación tampoco pueden explicarse únicamente por la renta disponible.

Josep Soler, director general del Institut d'Estudis Financers (IEF) y delegado ejecutivo de EFPA España, considera que el actual contexto geopolítico refuerza el interés europeo por conseguir que el ahorro se quede dentro de la Unión y contribuya a financiar su economía. Para ello, plantea la posibilidad de introducir incentivos fiscales al ahorro y la inversión, aunque reconoce que los Estados miembros muestran reticencias ante medidas que puedan reducir sus ingresos tributarios.

Soler también apunta a la necesidad de mejorar la oferta de inversión. A su juicio, Europa necesita empresas de mayor dimensión que puedan resultar atractivas para los inversores, junto con mercados más transparentes que permitan comparar productos y alternativas con mayor facilidad y eficiencia.

El reto para Europa pasa, por tanto, por conseguir que una mayor parte del ahorro de sus ciudadanos abandone las cuentas bancarias y encuentre vías para financiar la actividad empresarial y el crecimiento. La cuestión de fondo es hasta qué punto el modelo europeo de ahorro puede aproximarse al estadounidense y qué cambios serían necesarios para conseguirlo.

¿ESTAS BUSCANDO

ASESORÍA PERSONAL O EMPRESARIAL?

Realiza tu consulta online o ven a visitarnos