(Cinco Días, 05-11-2026) | Mercantil, civil y administrativo
Dos años después de que Donald Trump recuperara la Casa Blanca y el control del Capitolio, el Partido Demócrata ha conseguido una contundente victoria en las elecciones legislativas de mitad de mandato, recuperando el dominio tanto de la Cámara de Representantes como del Senado. El resultado supone un duro revés para los republicanos y un importante castigo al presidente estadounidense. La pérdida simultánea de ambas cámaras por parte del partido que ocupa el Gobierno es un acontecimiento poco habitual en la historia política del país, donde solo se había producido en seis ocasiones anteriores.
El descontento de los votantes con la gestión de Trump, marcada por la inestabilidad política, las promesas incumplidas y las dificultades económicas, ha impulsado el avance demócrata mucho más allá de lo que anticipaban las encuestas. La oposición ha logrado imponerse incluso en territorios tradicionalmente republicanos. En Texas, James Talarico ha conseguido una victoria para los demócratas en el Senado por primera vez en más de tres décadas, mientras que Gina Hinojosa se ha convertido en la primera mujer latina que gobernará este Estado. También se han producido cambios significativos en otros territorios, como Iowa, Kansas, Ohio, Carolina del Norte y Maine, donde los republicanos han perdido posiciones que parecían sólidas.
La derrota republicana se ha extendido igualmente a las elecciones a gobernador y ha dejado otros resultados históricos. Florida y Georgia tendrán por primera vez gobernadores negros, mientras que Nuevo México contará con Deb Haaland como primera gobernadora nativa estadounidense. California, por su parte, podría recuperar un gobernador hispano por primera vez desde 1875 con Xavier Becerra. El resultado confirma la magnitud del cambio electoral y evidencia el desgaste de la formación de Trump, que también ha visto cómo algunos de sus candidatos más respaldados eran derrotados.
El malestar ciudadano responde a diversos factores, entre ellos el encarecimiento del coste de la vida, el elevado precio de los carburantes, la persistencia de la inflación, la guerra con Irán, la política migratoria y los casos de corrupción que afectan a la Administración. Dos años después de regresar al poder con la promesa de mejorar rápidamente la situación económica de las familias estadounidenses, Trump no ha conseguido cumplir sus compromisos. A ello se suma que la intervención militar junto a Israel contra Irán se prolonga ya durante más de nueve meses, pese a que durante la campaña presidencial había asegurado que evitaría involucrar al país en conflictos en el extranjero.
Los primeros indicios de la derrota republicana aparecieron con la victoria del senador demócrata Jon Ossoff en Georgia, un resultado que refuerza además sus posibilidades de convertirse en candidato presidencial en 2028. Posteriormente llegaron otros reveses para los candidatos respaldados por Trump, como la derrota de Michael Whatley en Carolina del Norte y la pérdida de posiciones en Kansas e Iowa. En Texas, Ken Paxton tampoco logró imponerse, pese al respaldo económico y político recibido de Elon Musk, que había destinado más de 560 millones de dólares a apoyar a los republicanos en el Estado.
La jornada electoral transcurrió, en términos generales, con normalidad, a pesar de algunos incidentes puntuales y de las tensiones previas generadas por las dudas sobre la limpieza del proceso. La Administración había desplegado observadores federales en los 50 Estados y enviado comunicaciones que alimentaron la preocupación sobre una posible impugnación de los resultados. Sin embargo, no se produjeron incidentes relevantes y los responsables electorales, los tribunales y las organizaciones defensoras del derecho al voto consiguieron garantizar el desarrollo de las votaciones. La participación y el resultado final han supuesto también un respaldo al funcionamiento de las instituciones democráticas frente a los intentos de cuestionar su legitimidad.
Tras reconocer la derrota, Trump ha manifestado su disposición a colaborar con los demócratas en el Congreso, aunque las perspectivas de entendimiento son reducidas. El presidente ya había advertido de que se enfrentaría a un Parlamento hostil y que utilizaría su capacidad de veto para bloquear las iniciativas de la oposición. Por su parte, los demócratas pretenden aprovechar su nueva mayoría para impulsar investigaciones sobre miembros destacados de la Administración y exigir explicaciones sobre las decisiones adoptadas durante los últimos dos años.
El nuevo reparto de poder quedará formalmente establecido el próximo 3 de enero, cuando tomen posesión los representantes elegidos. A partir de ese momento, Trump tendrá que gobernar con un Congreso controlado por sus adversarios políticos, lo que reducirá considerablemente su margen de actuación durante los dos últimos años de mandato. Los demócratas tendrán, a su vez, el reto de exigir responsabilidades al presidente y a su equipo sin convertir su victoria en una estrategia de revancha política. El resultado electoral refleja, sobre todo, la voluntad de los ciudadanos de que mejoren sus condiciones de vida y de que la Administración dé respuesta a los problemas económicos y sociales que han marcado esta legislatura.