(El Economista, 22-01-2026) | Laboral

Los empleos con mayor inestabilidad en España ya no son, como ocurría tradicionalmente, los vinculados a contratos temporales, sino aquellos ocupados por trabajadores con contrato indefinido. En concreto, destacan los fijos discontinuos, que cerraron el mes de diciembre con 841.340 afiliados, tras registrar una media diaria de 55.307 altas y bajas. Este movimiento constante se traduce en una tasa de rotación del 6,57%, la más alta jamás registrada para cualquier tipo de contrato. Los temporales, por su parte, presentan una rotación del 4,9%, una cifra también récord que reabre el debate sobre la calidad del empleo generado tras la reforma laboral.

Cuatro años después de la entrada en vigor de la reforma, se confirma una paradoja: todas las modalidades contractuales muestran hoy una mayor volatilidad que antes, aunque la tasa media global se mantiene exactamente en el mismo nivel que en 2021, el 1,17%. Este equilibrio se explica por un efecto de composición: los contratos indefinidos ordinarios tienen ahora un mayor peso y presentan una rotación diaria muy reducida, del 0,29%, aunque esta cifra duplica la registrada hace cuatro años.

Desde el Gobierno se atribuye esta evolución al dinamismo del mercado laboral, caracterizado por una fuerte creación de empleo y una clara limitación de la contratación temporal. Que el número de empleos aumente sin que se deteriore la tasa general de rotación se explica, según el Ejecutivo, porque los puestos creados son más estables en términos agregados que en anteriores fases expansivas, como la posterior a la Gran Recesión. Esta tesis se refuerza si se amplía la comparación a diciembre de 2019, justo antes de la pandemia, cuando se contabilizaban unas 210.000 altas y bajas diarias y la rotación alcanzaba el 1,41%.

En 2025, el número de movimientos diarios se situó en 202.139, a pesar de que el total de asalariados ha aumentado en 2,4 millones, hasta alcanzar los 17,3 millones. De ellos, 13,5 millones cuentan con contrato indefinido -máximo histórico-, mientras que 2,14 millones son temporales, menos de la mitad que antes de la reforma. Otros 1,6 millones de asalariados quedan fuera de estas categorías, como los funcionarios de carrera o determinados cargos de confianza.

En conjunto, los datos reflejan una clara evolución hacia fórmulas contractuales más estables. Sin embargo, este análisis solo es válido a nivel agregado. Si se examinan las distintas modalidades por separado, todas muestran hoy una volatilidad superior a la de antes de la reforma. El caso más representativo es el de los fijos discontinuos. Aunque a finales de 2025 sumaban 841.340 trabajadores -el 4,8% del total, frente al 2,4% de 2019-, concentraban 55.307 movimientos diarios, lo que equivale al 27,4% del total de rotaciones. Seis años atrás, apenas suponían el 3,3%.

Este aumento desproporcionado de entradas y salidas ha elevado su tasa de rotación del 2% en 2019 al 6,57% en 2025, alterando los indicadores de calidad del empleo. Si se excluyen los fijos discontinuos, los indefinidos ordinarios apenas registran unas 38.000 bajas diarias, pese a contar con un volumen de trabajadores quince veces superior. Al incluirlos, la volatilidad del conjunto de los contratos indefinidos se dispara del 0,29% al 0,7%, triplicando el nivel previo a la reforma.

En el caso de los contratos temporales, las rotaciones han descendido desde las 185.000 diarias de 2019 hasta unas 105.000 a finales de 2025. No obstante, al haberse reducido también el número de trabajadores temporales, su tasa de volatilidad ha aumentado y cerró 2025 en el 4,49%, el nivel más alto desde que existen registros en 2009, aunque aún por debajo del de los fijos discontinuos.

¿Por qué los fijos discontinuos presentan una rotación tan elevada pese a su menor peso en el empleo total? ¿Y por qué la volatilidad de los temporales ha aumentado a pesar de la reforma laboral? Estas preguntas ayudan a entender la nueva configuración del mercado laboral español.

En el caso de los fijos discontinuos, la explicación está en la naturaleza de este tipo de contrato. Mientras que la mayoría de las bajas de afiliación obedecen a la extinción de la relación laboral, en torno al 91% de las bajas de los fijos discontinuos se debe al paso a la inactividad, cuando el trabajador deja temporalmente de prestar servicios a la espera de ser llamado de nuevo.

Durante ese periodo, el trabajador causa baja en la afiliación y deja de percibir salario. Puede buscar otro empleo o, si reúne los requisitos, solicitar una prestación por desempleo. Sin embargo, como el contrato sigue vigente, no se le considera desempleado a efectos del paro registrado.

La relación laboral solo finaliza si el trabajador renuncia, no atiende al llamamiento o es despedido, lo que justifica que estos contratos se consideren indefinidos. La mayoría de las altas se producen precisamente cuando se reanuda la actividad, lo que explica que su peso sobre el total del empleo se mantenga estable por debajo del 5%: no aumenta el número de contratos, sino la rotación entre actividad e inactividad.

La razón de esta mayor intensidad de movimientos es que el uso del contrato fijo discontinuo se ha extendido a más sectores. La reforma laboral permitió su aplicación más allá del turismo y de actividades estacionales tradicionales. Además, las empresas de trabajo temporal han recurrido a esta figura para sustituir los antiguos contratos por obra y servicio, poniendo a los trabajadores a disposición de distintas empresas, lo que ha multiplicado las entradas y salidas de la actividad.

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