(La Vanguardia, 11-05-2026) | Mercantil, civil y administrativo

Christine Lagarde considera que impulsar stablecoins vinculadas al euro es una estrategia "mucho menos sólida de lo que podría parecer" y sostiene que este tipo de activos digitales no representa una vía eficaz para reforzar el papel internacional de la moneda europea. Así lo expresó este viernes durante su intervención en el Foro del Banco de España sobre Latinoamérica celebrado en Roda de Barà.

La presidenta del BCE advirtió además de que estas criptomonedas respaldadas por monedas tradicionales pueden debilitar la relación entre las entidades financieras y sus clientes. A su juicio, si el objetivo es fortalecer la presencia global del euro, la prioridad debería centrarse en avanzar hacia mercados de capitales más integrados, fomentar la unión del ahorro y la inversión y, a largo plazo, crear un activo seguro europeo, por ejemplo mediante emisiones conjuntas de deuda.

Durante su discurso, Lagarde repasó el origen y funcionamiento de las stablecoins, unas criptodivisas concebidas inicialmente para reducir la volatilidad característica del mercado cripto. Para ello, sus emisores vincularon cada token a monedas tradicionales y los respaldaron con efectivo y deuda pública a corto plazo.

El crecimiento de este mercado ha sido muy rápido. Hace apenas seis años las stablecoins movían menos de 10.000 millones de dólares y actualmente superan los 300.000 millones. La gran mayoría están denominadas en dólares y cerca del 90% del mercado está controlado por dos grandes emisores: Tether y Circle, con sede en El Salvador y Estados Unidos, respectivamente.

Lagarde reconoció que el auge de estas monedas digitales en Estados Unidos contribuye a reforzar la hegemonía internacional del dólar. De hecho, recordó que la Administración estadounidense presenta abiertamente las stablecoins como una herramienta para consolidar el dominio global de la divisa norteamericana y reforzar la demanda de bonos del Tesoro.

La dirigente del BCE señaló que el debate ya no gira en torno a si las stablecoins deben existir o no, sino sobre si las distintas jurisdicciones pueden permitirse quedarse al margen de esta evolución tecnológica. No obstante, considera que estos activos entrañan riesgos importantes al mezclar funciones monetarias y tecnológicas.

A corto plazo, Lagarde admitió que unas stablecoins vinculadas al euro podrían generar una mayor demanda internacional de activos seguros europeos. Si esa demanda creciera gracias a compradores extranjeros y las reservas se dirigieran hacia deuda europea, los costes de financiación podrían reducirse y el euro ganar presencia internacional mediante nuevos canales digitales.

Sin embargo, advirtió de dos grandes riesgos. El primero afecta a la estabilidad financiera. Las stablecoins son pasivos privados cuya estabilidad depende de la confianza en los activos que las respaldan. Mientras esa confianza se mantiene, el sistema funciona, pero si se deteriora pueden producirse retiradas masivas y repentinas. Como ejemplo, recordó las tensiones financieras asociadas a la caída de Silicon Valley Bank en Estados Unidos.

El segundo riesgo tiene relación con la política monetaria. Según explicó, una expansión significativa de las stablecoins podría debilitar los mecanismos mediante los cuales el BCE transmite sus decisiones sobre los tipos de interés a la economía real. Si los depósitos abandonan los bancos tradicionales para desplazarse hacia stablecoins privadas, las entidades financieras tendrían menos capacidad para conceder crédito y el impacto de las decisiones monetarias sobre empresas y familias sería menor.

Por ello, Lagarde insistió en que Europa debe centrarse primero en construir unas bases financieras más sólidas mediante mercados de capitales más profundos e integrados. En su opinión, las stablecoins en euros no pueden sustituir ese proceso y, además, podrían aumentar algunas de las vulnerabilidades que las autoridades europeas intentan corregir.

Pese a sus críticas, la presidenta del BCE sí valoró positivamente la utilidad tecnológica de las stablecoins como forma de "efectivo digital" adaptado al entorno blockchain, capaz de facilitar pagos y liquidaciones de manera rápida y eficiente. Sin embargo, limitó ese potencial al ámbito puramente tecnológico.

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