(Expansión, 28-05-2026) | Laboral

En un contexto de crecimiento económico sólido y de aumento continuado del empleo, el escaso avance de la productividad sigue siendo uno de los grandes desafíos de la economía española. No obstante, en los últimos años se aprecia un cambio de tendencia que ha permitido compatibilizar el crecimiento del PIB con la creación de puestos de trabajo y cierta mejora de la eficiencia productiva, aunque esta evolución continúa siendo moderada. España registró en el primer trimestre un crecimiento interanual del 3,1%, acompañado de un incremento de la ocupación del 2,4% y de las horas trabajadas del 2,05%.

Según el Observatorio de la Productividad y la Competitividad en España, elaborado por la Fundación BBVA y el Ivie, el buen comportamiento del mercado laboral explica el 46,7% del crecimiento económico, mientras que la inversión, que avanzó un 5,4% entre enero y marzo, aportó el 25,4% de la expansión del PIB.

Los expertos destacan especialmente que el 28% del crecimiento provenga de la mejora de la productividad total de los factores, que aumentó un 0,9% en los tres primeros meses del año. Una cifra muy similar a la productividad por hora trabajada, que creció un 1,04% en ese mismo periodo. Aunque ambos indicadores evolucionan en positivo, su ritmo de crecimiento sigue siendo claramente inferior al registrado por el empleo, las horas trabajadas o el propio PIB. En paralelo, la productividad del capital avanzó un 0,7%, ligeramente por encima del trimestre anterior.

Pese a ello, los tres últimos trimestres muestran una cierta desaceleración respecto a la dinámica más favorable observada durante 2024 y en los dos primeros trimestres de 2025, cuando la principal fuente de crecimiento económico fue precisamente la mejora de la eficiencia, que llegó a aportar más del 40% del avance del PIB.

Esta moderación en la productividad total de los factores presenta aspectos positivos y otros menos favorables. Por un lado, la economía mantiene una combinación equilibrada entre inversión, creación de empleo -algo especialmente relevante dada la elevada tasa de paro en España- y mejoras graduales de la eficiencia productiva. Sin embargo, el avance de la productividad continúa siendo limitado y existen importantes incertidumbres de cara a los próximos años. Entre ellas destacan la posible subida de los precios energéticos, el riesgo de un repunte de la inflación, una eventual desaceleración de la actividad económica, futuras subidas de tipos de interés o el agotamiento del impulso asociado a los fondos europeos Next Generation.

El comportamiento de la productividad también muestra diferencias significativas entre sectores. Las mayores mejoras se registran en las actividades orientadas al mercado y dominadas por empresas privadas. En el primer trimestre de 2026 destacó especialmente la construcción, cuya productividad total aumentó cerca de un 3,1% interanual. El crecimiento fue más moderado en los servicios, con un 1,3%, y en el sector energético, con un 0,6%. Por el contrario, la aportación fue negativa tanto en el sector primario como en la industria manufacturera, con descensos del 4,5% y del 2,1%, respectivamente.

Dentro de los servicios persiste además una evolución desigual. La productividad crece con fuerza en actividades como comercio, transporte y hostelería, donde aumenta un 4,3%, y también en información y comunicaciones, con un avance del 5,9%. En cambio, otros ámbitos presentan retrocesos, como las actividades financieras y de seguros, las inmobiliarias o los servicios vinculados a la Administración Pública, educación y sanidad.

Los autores del informe subrayan que el crecimiento económico español combina actualmente creación de empleo, acumulación de capital y aumento de la productividad, lo que refleja un cambio respecto al modelo tradicional de crecimiento. Esta transformación comenzó tras la Gran Recesión y se ha mantenido también durante la recuperación posterior a la pandemia.

La Fundación BBVA y el Ivie recuerdan además que, desde el año 2000, la productividad laboral por hora trabajada ha aumentado un 22,6%. La evolución de la productividad del capital ha sido distinta y todavía se sitúa un 20% por debajo de los niveles del año 2000. No obstante, tras la Gran Recesión se frenó la tendencia descendente que había predominado hasta entonces. La pandemia interrumpió temporalmente esa recuperación, aunque posteriormente volvió a retomarse hasta recuperar los niveles previos a la crisis sanitaria. De hecho, a comienzos de 2026 la productividad del capital se sitúa en niveles similares a los registrados en 2011 y 2019.

La mejora de la productividad resulta además esencial para reforzar la competitividad de la economía española en un entorno internacional marcado por la incertidumbre y por las dudas crecientes sobre las reglas que han regido tradicionalmente el comercio global. Cuando la productividad aumenta, los costes unitarios de producción -es decir, el coste salarial necesario para fabricar cada unidad de producto- tienden a reducirse o a mantenerse estables. Esto permite que los bienes y servicios españoles ganen atractivo frente a los de economías menos eficientes, favoreciendo así el crecimiento de las exportaciones y una mejora de la balanza comercial.

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