(El País, 09-01-2026) | Mercantil, civil y administrativo

La economía española lleva tiempo sobresaliendo a nivel internacional por el dinamismo de su crecimiento, un contexto que a menudo invita a compararlo con la etapa de expansión previa a la crisis de la burbuja inmobiliaria. No obstante, las similitudes son limitadas. En aquel periodo, el impulso económico se apoyaba fundamentalmente en la creación de empleo y la acumulación de capital, mientras que las ganancias de eficiencia eran reducidas. En los últimos años, por el contrario, la productividad ha avanzado al ritmo más elevado de los últimos treinta años y ha explicado más de un tercio del aumento del PIB desde la pandemia.

Así lo recoge el último informe anual del Observatorio de Productividad y Competitividad, elaborado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), publicado este viernes. El estudio señala que la productividad total de los factores -que combina empleo y capital- creció a una media anual del 1,4% desde 2020, el mayor registro desde 1995. En comparación, en la eurozona el avance fue prácticamente nulo en ese mismo periodo e incluso negativo en países como Alemania y Francia. En 2024, último ejercicio con datos completos, España registró un aumento del 2%, frente a una caída de siete décimas en el conjunto del área del euro.

"El comportamiento medio de la productividad en la economía española durante la última década resulta mejor que el de etapas anteriores, especialmente tras la crisis sanitaria", destaca el informe, dirigido por los investigadores del IVIE Francisco Pérez, Matilde Mas, Dirk Pilat y Juan Fernández de Guevara. A partir de 2021, el análisis detecta una mejora en la eficiencia en el uso de los factores productivos, que coincide con una intensa creación de empleo.

La productividad es un elemento clave para el progreso y el bienestar de un país, ya que mide la capacidad de generar más producción con los mismos recursos, tanto humanos como materiales. Es, además, uno de los motores esenciales para sostener el crecimiento a largo plazo, aunque su evolución no siempre es uniforme.

A comienzos de siglo, el modelo español se apoyaba en fuertes inversiones inmobiliarias y en el aumento del empleo impulsado por el crecimiento demográfico. Durante la Gran Recesión, la productividad laboral mejoró como consecuencia de una intensa destrucción de empleo. Desde 2014, la aportación de la productividad total de los factores volvió a ser positiva, pero se deterioró nuevamente con la pandemia. A partir de 2021, el tejido productivo recuperó eficiencia en paralelo a una sólida recuperación económica, tanto en términos agregados como por habitante. Desde la pandemia, el PIB per cápita ha crecido en España a una media anual del 3,78%, el segundo mejor registro de la UE tras Italia, aunque el nivel todavía se sitúa por debajo de la media comunitaria.

El informe concluye que entre 2021 y 2024, la mejora de la productividad explicó el 33% del crecimiento del PIB, mientras que alrededor del 60% se debió al buen comportamiento del mercado laboral. Una de las cuestiones centrales del estudio es determinar si el fuerte avance reciente de la economía española responde a un cambio estructural del modelo productivo. La respuesta es matizada: los datos apuntan a una mejora de los fundamentos de la actividad, pero el periodo analizado aún es insuficiente para confirmar una transformación profunda, especialmente teniendo en cuenta el carácter excepcional de los últimos años marcado por la pandemia y los retos pendientes.

Aunque la productividad del trabajo supera actualmente en hasta un 19% la del año 2000, la del capital continúa un 20% por debajo de aquel nivel. La productividad total de los factores, que integra ambos componentes, seguía en 2024 un 8% por debajo de los registros de comienzos de siglo. Además, persisten factores que frenan el avance, como la inestabilidad internacional, la desaceleración de las exportaciones -tradicionalmente asociadas a mayores niveles de eficiencia- o una tasa neta de creación de empresas negativa desde 2008.

Las mayores mejoras se concentran en las actividades de mercado, mayoritariamente desarrolladas por empresas privadas. Tras perder productividad a un ritmo cercano al 1% anual entre 1995 y 2020, estas actividades han incrementado su eficiencia a tasas superiores al 2% desde la pandemia. Destacan especialmente la fabricación de material de transporte y la hostelería, con avances de la productividad total de los factores del 20% y el 13,3%, respectivamente, desde 2020. Les siguen las industrias extractivas, la fabricación de maquinaria y equipo, el transporte y la industria del caucho, plásticos y otros productos minerales no metálicos.

Por el contrario, sectores como la sanidad y la educación han registrado retrocesos en productividad, al igual que la construcción, la metalurgia o la producción y distribución de energía. En total, hasta diez ramas de actividad que concentran cerca de la mitad del valor añadido bruto nacional han experimentado descensos en su eficiencia en los últimos años.

Las diferencias también se observan a nivel territorial, aunque con mayor homogeneidad que a nivel sectorial. La productividad aumentó entre 2020 y 2024 en todas las comunidades autónomas salvo en Extremadura. Baleares y Canarias, que presentaban los peores registros entre 1995 y 2020 y que se vieron especialmente afectadas por la pandemia debido a su dependencia del turismo, fueron también las regiones que más mejoraron recientemente, con avances de entre el 3% y el 4%, en parte por un efecto rebote. Asimismo, comunidades como País Vasco, Cataluña, Castilla y León, Galicia, Comunidad Valenciana, Navarra, Andalucía y Madrid registraron incrementos superiores al 1% y por encima de la media nacional.

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