(Cinco Días, 03-02-2026) | Mercantil, civil y administrativo

Las materias primas profundizan en una corrección de gran magnitud que pone de manifiesto el fuerte componente especulativo detrás de las recientes subidas de unos activos tradicionalmente vistos como refugio. El anuncio de Donald Trump de proponer a Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal, en sustitución de Jerome Powell, ha desbaratado las expectativas alcistas del mercado y ha desencadenado una caída sin precedentes. El precio del oro ha llegado esta mañana a los 4.400 dólares por onza, después de haber rozado los 5.600 dólares el jueves anterior, lo que supone un desplome cercano al 20% en poco más de dos sesiones. El viernes, el metal precioso ya había retrocedido un 8,95% en el mercado al contado, según Bloomberg, aunque en los momentos de mayor tensión llegó a perder hasta un 12%. Este lunes, las caídas continúan con descensos en torno al 5%. La plata presenta un ajuste aún más severo: cotiza en 74,26 dólares por onza y acumula una pérdida del 40% desde los máximos recientes, cuando alcanzó los 121 dólares hace apenas unos días.

Según Manuel Pinto, analista de XTB, el retroceso del oro está directamente relacionado con la designación de Warsh. A su juicio, tanto el oro como la plata, e incluso activos como el bitcoin, podrían seguir corrigiendo ante un escenario de fortalecimiento del dólar, aumento de la rentabilidad de los bonos y menor liquidez en los mercados, mientras que el sector bancario empieza a captar mayor interés. Aunque las últimas declaraciones de Warsh apuntan a posibles recortes de tipos, el mercado lo percibe como una figura con amplia experiencia en la Reserva Federal y en Wall Street, lo que reduce la probabilidad de decisiones extremas que debiliten de forma significativa al dólar. En la misma línea, Sergio Ávila, analista de IG, considera que el desencadenante principal es de naturaleza político-monetaria, ya que el perfil más restrictivo de Warsh enfría la expectativa de un entorno prolongado de tipos muy bajos y fuerza a los inversores a recoger beneficios en los activos que habían subido con excesiva rapidez.

La brusquedad del ajuste en los metales preciosos refleja que su escalada no respondía únicamente a la búsqueda de protección frente a la debilidad del dólar, sino también a estrategias de corto plazo orientadas a obtener ganancias rápidas. Muchas posiciones alcistas se han visto obligadas a cerrarse de manera acelerada. Para Robert Gottlieb, exoperador de JPMorgan y ahora analista independiente, el mercado se encontraba claramente sobrecargado. Ávila coincide al señalar que no se trata de un cambio de tendencia estructural, sino de una corrección destinada a eliminar los excesos acumulados.

El hundimiento de los metales preciosos está teniendo repercusiones en el conjunto de los mercados financieros, en una jornada marcada por caídas generalizadas en las Bolsas. Tim Waterer, analista de KCM Trade, explica a Bloomberg que los cierres forzosos de posiciones en oro y plata están provocando ventas en otros activos, generando un efecto en cadena. Este tipo de movimientos es habitual en el mercado de futuros cuando un activo que ha subido con fuerza sufre un giro brusco: las posiciones apalancadas entran en pérdidas y los inversores se ven obligados a aportar más garantías, lo que les lleva a vender otros activos para cubrirlas. De hecho, además de los metales, también retroceden las Bolsas y la deuda soberana de referencia.

Este desplome llega después de una revalorización igualmente excepcional. Impulsado por la intensa demanda de pequeños inversores, el oro había duplicado su precio desde comienzos de 2025 y solo en 2026 acumulaba una subida del 25%. La plata, en un mercado más reducido y volátil, llegó a cuadruplicar su valor desde finales de 2024 y registró un avance del 60% en 2026. Las tensiones geopolíticas avivaron aún más estas compras a comienzos de año, con factores como la intervención estadounidense en Venezuela, el conflicto entre Estados Unidos y la Unión Europea por Groenlandia y las dudas sobre la independencia de la Reserva Federal, circunstancias que presionaron al dólar y dispararon los precios de los metales preciosos. A ello se sumó el acuerdo para evitar un cierre parcial del Gobierno estadounidense, que dio algo de oxígeno al dólar y añadió presión bajista al oro.

Pese a la fuerte corrección, Antonio Di Giacomo, analista senior de XS.com, sostiene que el oro sigue manteniendo su función defensiva en un entorno de elevada incertidumbre. Aunque ha retrocedido desde niveles próximos a los 5.000 dólares, considera que conserva un soporte estructural como activo refugio frente a los riesgos políticos y geopolíticos globales, si bien no está exento de episodios de ajuste tras las recientes subidas históricas.

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