(La Vanguardia, 02-11-2026) | Mercantil, civil y administrativo
La inflación se mantuvo en el 4,9% en octubre, según el indicador adelantado publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE). El dato pone fin a la escalada de los últimos meses, pero no supone una mejora en el coste de la vida, ya que los precios de la cesta de la compra continúan en niveles que no se registraban desde 2023. El encarecimiento de los combustibles y de la energía, intensificado desde finales de febrero por la guerra en Oriente Próximo, sigue presionando el índice. Además, el resultado ha superado las expectativas de algunos analistas, que confiaban en una moderación más acusada gracias a las rebajas fiscales vigentes. La inflación subyacente, que excluye los alimentos no elaborados y los productos energéticos, también permanece estable por segundo mes consecutivo en el 3,1%.
La evolución de los precios durante 2026 ha estado marcada por importantes oscilaciones, condicionadas por las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos e Irán, la volatilidad de las materias primas energéticas y los efectos de determinados fenómenos meteorológicos sobre la producción agrícola, como la sequía que ha afectado a Europa durante el verano.
El ejercicio comenzó con tasas interanuales relativamente moderadas, del 2,3% tanto en enero como en febrero. Sin embargo, en marzo la inflación repuntó hasta el 3,4% y se situó en torno al 3,2% durante el segundo trimestre. La presión volvió a intensificarse en verano, con avances del 3,6% en julio y del 4,3% en agosto, hasta alcanzar el 4,9% en septiembre. En octubre, el indicador se mantiene en ese nivel después de cuatro meses consecutivos de incrementos. Esta estabilización se produce pese a la continuidad de las rebajas fiscales incluidas en el tercer paquete de medidas anticrisis, aprobado el pasado 29 de septiembre y posteriormente convalidado por la Diputación Permanente del Congreso.
El resultado ha sorprendido a los servicios de estudios, cuyas previsiones apuntaban a escenarios diferentes. Funcas esperaba una reducción de tres décimas de la tasa general, hasta el 4,6%, y una moderación de la subyacente al 2,9%, confiando en el efecto de las medidas fiscales sobre los carburantes. En cambio, otros centros de análisis, como el ICAE, anticipaban un repunte de una décima, hasta el 5%, debido al encarecimiento de la electricidad y el gasóleo. Finalmente, el aumento mensual del 0,6% ha dejado inalterada la tasa interanual, como consecuencia de la evolución contrapuesta de los distintos componentes. La bajada de los combustibles y lubricantes ha contribuido a contener los precios, mientras que el incremento del gas y de los combustibles líquidos, junto con una menor caída de los paquetes turísticos respecto a octubre de 2025, ha ejercido presión al alza.
A falta de conocer los datos definitivos del INE y el desglose completo de los componentes de la cesta de consumo, el avance publicado apunta a que los alimentos y las bebidas no alcohólicas están resistiendo, por el momento, el impacto del conflicto en Oriente Próximo. Aunque sus precios continúan aumentando, lo hacen a un ritmo inferior al de octubre del año pasado y su tasa interanual se sitúa aproximadamente dos puntos por debajo de la inflación general.
Las perspectivas para los últimos meses del ejercicio siguen marcadas por la incertidumbre y la persistencia de las presiones inflacionistas. La economista sénior de Funcas, María Jesús Fernández, prevé que el petróleo se mantenga ligeramente por encima de los 100 dólares por barril durante lo que queda de 2026, antes de iniciar un descenso progresivo hacia los 85 dólares a lo largo del próximo año. No obstante, advierte de que la incertidumbre geopolítica continúa condicionando las expectativas y puede provocar cambios bruscos en las cotizaciones de los mercados de futuros.
Más allá de las fluctuaciones de la energía, los analistas consideran que la resistencia de los precios responde también a factores estructurales. Fernández señala que la inflación subyacente tardará más en moderarse que el índice general, especialmente por la evolución de los servicios, cuyos precios apenas muestran señales de desaceleración. Esta tasa se ha mantenido durante todo el año en torno al 4% y, según sus previsiones, podría no bajar del 3% durante 2027.
La persistencia de estas presiones contribuye a explicar la diferencia entre la inflación española y la media de la eurozona. En España, la demanda mantiene una intensidad mayor, impulsada por el crecimiento económico, la actividad turística y el aumento de la población, que ronda las 500.000 personas anuales. A este escenario se añaden las dificultades de las empresas para encontrar trabajadores, un problema que limita su capacidad para ampliar la oferta y responder al incremento de la demanda.