(Expansión, 03-02-2026) | Mercantil, civil y administrativo
La industria española ha arrancado el año profundizando en la senda descendente que ya se manifestó en diciembre y sumando nuevos focos de preocupación, especialmente en lo relativo a los pedidos y al empleo. Los datos del Índice de Gestores de Compras (PMI) correspondientes a enero, difundidos por S&P Global, indican además que la escasez de demanda está llevando a muchas compañías a rebajar sus precios de venta para sostener los ingresos, pese al encarecimiento de los costes, lo que termina erosionando la rentabilidad.
"El sector manufacturero español ha iniciado el año con debilidad", afirma Jonas Feldhusen, economista del Hamburg Commercial Bank y autor del informe, en referencia a un PMI de 49,2 puntos, cuatro décimas por debajo del registro de diciembre y nuevamente por debajo del umbral de 50 que separa la expansión de la contracción. "Las cifras decepcionantes de diciembre ya planteaban la duda de si se trataba de un episodio puntual o del inicio de una fase más prolongada de desaceleración. Los datos de enero apuntan ahora claramente hacia esta segunda opción", añade.
En particular, el empeoramiento de la demanda comienza a generar una preocupación creciente. Los nuevos pedidos, tanto del mercado interno como del exterior, continuaron cayendo a pesar de partir ya de niveles contenidos, una evolución que las empresas atribuyen en gran medida a la incertidumbre internacional que afecta también a otros países de la eurozona. Esta debilidad no solo se refleja en la entrada de nuevos encargos, sino también en la cartera de pedidos pendientes, que se está reduciendo a un ritmo cada vez más rápido.
La falta de tracción del mercado tiene, además, un impacto directo sobre los márgenes de beneficio. "La presión de los costes se ha intensificado debido al encarecimiento de insumos clave como el aluminio o el cobre", señala Feldhusen. Sin embargo, la fuerte competencia y la demanda limitada están restringiendo la capacidad de los fabricantes para repercutir esos mayores costes en los precios finales. "Como consecuencia, la combinación de costes al alza y menor poder de fijación de precios está frenando la contratación", concluye, lo que se ha traducido en el quinto descenso consecutivo del empleo, más acusado que en meses previos.
Pese a este contexto adverso, las empresas del sector mantienen un tono relativamente optimista a medio plazo. Según el informe, muchos fabricantes confían en una recuperación progresiva de la demanda a lo largo de los próximos doce meses, lo que explica que ni el empleo ni la inversión se hayan ajustado con la misma intensidad que los pedidos, y que se mantengan en marcha numerosos proyectos de largo recorrido. No obstante, desde S&P Global advierten de que persisten riesgos relevantes, como el aumento de la competencia procedente de fuera de la Unión Europea o las tensiones geopolíticas con Estados Unidos.
En el conjunto de la eurozona, aunque comienzan a apreciarse señales de estabilización en la industria, todavía no puede hablarse de una recuperación clara, lo que apunta a que la demanda externa sigue siendo débil. El PMI manufacturero de la región se situó en enero en 49,5 puntos, siete décimas por encima del dato de diciembre, pero aún por debajo del nivel que indica crecimiento. Por países, Grecia encabeza la clasificación con 54,2 puntos, seguida de Francia (51,2) y Países Bajos (50,1), mientras que Austria presenta el peor comportamiento, junto con Italia (48,1) y Alemania (49,2).
"Se aprecian algunos avances en la industria manufacturera, pero a un ritmo muy lento", resume Cyrus de la Rubia, economista jefe del Hamburg Commercial Bank y responsable del informe para Europa. En su análisis destaca mejoras puntuales en determinados países: "En Francia la expansión gana tracción, y en Alemania la fuerte contracción de diciembre ha dado paso a un retroceso mucho más moderado".