(Expansión, 02-01-2026) | Mercantil, civil y administrativo
Las entidades financieras europeas están finalizando, junto a consultoras especializadas, los preparativos para afrontar los nuevos test de estrés que está diseñando el Banco Central Europeo (BCE), cuyo inicio está previsto para las primeras semanas de 2026. El supervisor publicará en breve la metodología definitiva y, a partir de ese momento, cada banco deberá detallar el escenario que haya seleccionado y analizar su impacto, según recoge KPMG en uno de sus informes.
Aunque todavía no se conocen todos los pormenores, tanto las autoridades como las entidades llevan meses trabajando en estas pruebas de resistencia, que este año se centrarán en los riesgos geopolíticos. Dada la amplitud y complejidad de este tipo de amenazas, el BCE ya anunció el pasado verano que aplicará un enfoque metodológico diferente, basado en pruebas de estrés inversas. Debido a que cada banco presenta un perfil de riesgo distinto, el área de Supervisión del BCE, bajo la dirección de Claudia Buch, utilizará este nuevo planteamiento para identificar qué factores geopolíticos podrían tener un mayor efecto negativo sobre el capital de cada entidad.
En los ejercicios tradicionales, los supervisores -el propio BCE y la Autoridad Bancaria Europea- definen una serie de escenarios adversos y las entidades calculan el impacto que tendrían sobre su solvencia. En cambio, con la nueva metodología se invierte el proceso: en 2026, las autoridades fijarán un determinado deterioro del capital y serán los bancos los que deban justificar qué riesgos geopolíticos podrían desembocar en ese resultado.
Según explicó Claudia Buch al presentar la iniciativa, las pruebas de estrés inversas ofrecen un punto de vista distinto al habitual, ya que no analizan cómo reaccionaría un banco ante un escenario común, sino qué tipo de perturbación podría provocar una caída significativa de su solvencia. Las entidades deberán examinar los puntos más frágiles de sus modelos de negocio. Esto puede abarcar, por ejemplo, una elevada exposición crediticia a sectores sensibles a tensiones geopolíticas o una fuerte dependencia de servicios e infraestructuras situadas en regiones potencialmente inestables. En todo caso, subraya KPMG, los escenarios que planteen los bancos deberán ser realistas.
En una intervención ante el Eurogrupo el pasado mes, el BCE ofreció algunas pistas sobre la aplicación práctica de estas nuevas pruebas. En esta ocasión, el supervisor pretende apoyarse en mayor medida en los sistemas internos de gestión de riesgos de las propias entidades, a diferencia de ejercicios anteriores.
Según indicó el BCE, estas herramientas permitirán identificar con mayor precisión las vulnerabilidades específicas frente a riesgos geopolíticos. El Parlamento Europeo también ha estudiado el planteamiento del supervisor. De acuerdo con un informe reciente de los expertos que asesoran a los eurodiputados, este nuevo enfoque no solo dotará a las autoridades de escenarios adaptados a cada banco sobre posibles impactos en la solvencia, sino que también fomentará un nivel de autoconocimiento sin precedentes en el sector acerca de sus propias debilidades.