(Cinco Días, 21-05-2026) | Mercantil, civil y administrativo

Uno de los grandes debates que actualmente atraviesan el sistema financiero europeo gira en torno a los medios de pago y a la necesidad de reforzar la autonomía tecnológica y monetaria de la Unión Europea. La creciente tensión geopolítica ha llevado a Bruselas y al sector bancario a acelerar proyectos destinados a reducir la dependencia de actores extranjeros, especialmente estadounidenses, que dominan buena parte de las infraestructuras de pago utilizadas en Europa y también amenazan con liderar las finanzas digitales del futuro gracias al auge de las stablecoins vinculadas al dólar.

En este contexto, la banca española está reclamando al Banco Central Europeo (BCE) que acelere el desarrollo del euro digital mayorista, una herramienta pensada para facilitar la liquidación de grandes operaciones financieras entre bancos mediante tecnología blockchain y mercados tokenizados.

Las principales entidades financieras internacionales ya han comenzado a operar con redes basadas en blockchain. Durante una jornada organizada por el Real Instituto Elcano sobre el euro digital, la presidenta de la Asociación Española de Banca (AEB), Alejandra Kindelán, explicó que esta tecnología permite realizar pagos instantáneos y programables, operar las 24 horas del día y ejecutar liquidaciones simultáneas sin intermediarios. Según señaló, cada vez más empresas utilizan estas soluciones, especialmente en pagos internacionales, porque el dinero está evolucionando hacia formatos digitales basados en blockchain.

Sin embargo, Europa parte con desventaja frente a Estados Unidos. El mercado de stablecoins mueve actualmente unos 320.000 millones de dólares y cerca del 98% de esos activos están denominados en dólares estadounidenses, mientras que las referencias en euros apenas representan un 0,2% del total.

Ante esta situación, el sector financiero europeo considera prioritario desarrollar primero la infraestructura tecnológica necesaria. Mientras que los sistemas tradicionales funcionan sobre bases de datos centralizadas, la blockchain opera mediante redes descentralizadas que permiten compartir y sincronizar información de forma segura a través de algoritmos criptográficos.

Por ello, la banca europea colabora con el BCE en la construcción de la infraestructura que permitirá ejecutar grandes transacciones financieras mediante redes blockchain. El proyecto se desarrolla en varias fases. La primera, denominada Pontes, busca conectar plataformas basadas en tecnología de registro distribuido con el sistema Target del Eurosistema, encargado de procesar pagos en euros en tiempo real. La segunda fase, conocida como Appia, plantea una transformación más profunda de la infraestructura del banco central para integrarla plenamente en tecnología blockchain.

Además de la infraestructura, este nuevo ecosistema requiere un activo digital de liquidación. El BCE prevé lanzar el euro tokenizado durante el segundo semestre de 2026, una solución que considera más segura y escalable. Paralelamente, varias entidades agrupadas en el consorcio Qivalis trabajan en una stablecoin privada respaldada en euros que podría llegar al mercado en los próximos meses. Los bancos también avanzan en la tokenización de depósitos como otra fórmula de dinero digital.

La preocupación europea no se limita únicamente a las grandes operaciones financieras. Bruselas también ha intensificado en el último año su apuesta por crear un sistema de pagos minoristas europeo que reduzca la dependencia de proveedores estadounidenses como Visa y Mastercard. La inestabilidad geopolítica y la transformación del escenario internacional han reforzado el interés de las instituciones comunitarias por proteger la soberanía monetaria y tecnológica europea.

En este terreno, la principal apuesta pública es el euro digital minorista impulsado por el BCE, distinto del euro digital mayorista porque estaría orientado a pagos cotidianos entre particulares y comercios, tanto físicos como online, dentro de la eurozona. El organismo defiende que esta herramienta reforzaría la independencia europea en materia de pagos.

No obstante, el proyecto ha generado reservas dentro de la gran banca europea, que cuestiona los costes de implantación y teme posibles efectos sobre los depósitos bancarios tradicionales, incluso aunque el BCE limite la cantidad de euros digitales que cada ciudadano pueda mantener.

Por ello, mientras colaboran con el BCE en el diseño del euro digital, las entidades financieras también impulsan soluciones privadas propias. En España, el éxito de Bizum, utilizado ya por más de 31 millones de personas, ha favorecido acuerdos con otros sistemas europeos para ampliar la interoperabilidad entre plataformas. Actualmente ya es posible realizar transferencias instantáneas entre España, Italia y Portugal, y está previsto que entre finales de 2026 y comienzos de 2027 se incorporen Alemania, Bélgica, Países Bajos, Francia y varios países nórdicos, alcanzando potencialmente a unos 135 millones de usuarios en 13 países.

Desde el sector financiero se insiste en que el euro digital debería complementar, y no sustituir, a las soluciones privadas europeas. Según esta visión, el sistema público tendría sentido especialmente para situaciones en las que no exista conexión a internet o para garantizar alternativas equivalentes al efectivo, aunque no debería convertirse en la vía principal de pagos debido a los riesgos que podría generar para el sistema bancario.

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