(Cinco Días, 12-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo
La guerra en Oriente Próximo ha situado al petróleo en el centro de la estrategia geopolítica global y ha llevado a las economías avanzadas a prepararse para utilizar sus mecanismos de protección energética. El cierre del estrecho de Ormuz ha provocado que cada día quede bloqueada cerca de una quinta parte del crudo que consume el mundo, lo que ha impulsado el precio del barril ante la posibilidad de un escenario de escasez. Para evitar una mayor escalada, la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que coordina las reservas estratégicas de petróleo de 32 países industrializados, analiza la posibilidad de liberar hasta 400 millones de barriles. Si finalmente se aprueba, sería la mayor liberación conjunta de reservas realizada hasta ahora.
Por el momento, algunos países ya han anunciado su intención de participar. España y Japón han confirmado que contribuirán a liberar parte de sus reservas estratégicas. La vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, ha señalado que España aportará una cantidad equivalente a 12 días de consumo. En el caso de Japón, la primera ministra Sanae Takaichi ha indicado que su país podría liberar reservas privadas equivalentes a 15 días y hasta un mes de las reservas públicas. Alemania también ha manifestado que dispone de 19,5 millones de barriles preparados para ser liberados, mientras que Estados Unidos no ha concretado cifras, aunque su secretario del Interior, Doug Burgum, ha recordado que las reservas se acumulan precisamente para situaciones de crisis como la actual.
El plan que estudia la AIE, adelantado por el diario The Wall Street Journal, plantea introducir petróleo en el mercado durante al menos dos meses con el fin de compensar parcialmente la interrupción del suministro y contener la volatilidad de los precios. El volumen contemplado superaría con creces el precedente más reciente, cuando en 2022 los países miembros liberaron 182 millones de barriles en dos fases tras la invasión rusa de Ucrania.
Las liberaciones coordinadas de reservas estratégicas son, en realidad, una herramienta que se utiliza en contadas ocasiones. Desde la creación de la AIE en 1974 solo se ha recurrido a ella cinco veces: durante la primera Guerra del Golfo en 1991, tras los huracanes Katrina y Rita en 2005, durante la crisis de Libia en 2011 y en dos momentos diferentes en 2022 tras el inicio de la guerra en Ucrania.
En estos momentos, el sistema energético mundial se enfrenta a una de las perturbaciones más importantes de las últimas décadas. El estrecho de Ormuz, una estrecha ruta marítima que conecta el Golfo Pérsico con los mercados internacionales, es una vía clave para el comercio de energía. Por ella circulan habitualmente cerca de 20 millones de barriles diarios de petróleo y productos derivados. Los ataques a buques petroleros, el aumento del riesgo para la navegación y la retirada de coberturas por parte de algunas aseguradoras han reducido de forma drástica el tráfico marítimo en la zona. Como resultado, millones de barriles permanecen retenidos en barcos que no pueden atravesar el paso.
La tensión se ha reflejado de inmediato en los mercados energéticos. Desde el comienzo del conflicto, el precio del crudo llegó a subir alrededor de un 40%, acercándose a los 100 dólares por barril, aunque posteriormente se ha moderado. Este miércoles el Brent, referencia en Europa, cotiza en torno a los 92 dólares por barril. Aun así, los combustibles refinados siguen registrando subidas importantes, lo que aumenta el riesgo de que el encarecimiento de la energía termine trasladándose a la inflación y afecte a la actividad económica. El impacto del cierre de Ormuz no se limita al petróleo, sino que también alcanza a los derivados que utilizan sectores como el transporte, la industria o la aviación.
La AIE nació en 1974 tras el embargo petrolero aplicado por varios países árabes contra las economías occidentales. El organismo se creó precisamente para coordinar la respuesta de los países industrializados ante crisis de suministro. Entre sus principales instrumentos figura el sistema de reservas estratégicas de petróleo, que obliga a los países miembros a mantener existencias equivalentes al menos a 90 días de sus importaciones netas de crudo. Estas reservas pueden encontrarse en depósitos públicos o en inventarios obligatorios de las compañías petroleras, pero deben poder movilizarse con rapidez en caso de emergencia.
En conjunto, los países que forman parte de la AIE disponen de alrededor de 1.200 millones de barriles almacenados en reservas públicas de emergencia. Esta capacidad permite compensar de forma temporal interrupciones relevantes del suministro mientras se reorganizan las rutas comerciales y se restablece el flujo normal de petróleo.
La propuesta que se está estudiando consistiría en liberar petróleo de forma coordinada desde los almacenes estratégicos de los distintos países miembros. El volumen total previsto, cercano a los 400 millones de barriles, se repartiría entre las economías participantes según su nivel de reservas y su peso en el sistema energético internacional. De acuerdo con los datos actualizados por la AIE en febrero, España cuenta con reservas suficientes para cubrir 105 días de consumo, Estados Unidos dispone de autonomía para 125 días, Japón tiene reservas para 195 días y Corea del Sur para 206 días sin recibir nuevos suministros.
En cualquier caso, la liberación de reservas estratégicas no está pensada para reemplazar de forma permanente el suministro mundial de petróleo, algo imposible con el volumen disponible. Su objetivo es estabilizar el mercado en momentos de gran tensión. Al aumentar temporalmente la oferta, los gobiernos buscan contener subidas bruscas de precios y ganar tiempo mientras el sistema energético se adapta a las nuevas circunstancias.
Además, la experiencia demuestra que estas intervenciones no siempre generan el efecto inmediato esperado. En 2022, las dos liberaciones de reservas inicialmente provocaron un repunte de los precios, ya que los mercados interpretaron la medida como una señal de que la situación era más grave de lo que se pensaba. Solo posteriormente contribuyeron a moderar las cotizaciones del petróleo.