(El Economista, 21-04-2026) | Mercantil, civil y administrativo
El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, considera que no es acertado que España mantenga una postura de confrontación con Estados Unidos, teniendo en cuenta la dependencia energética y los intereses empresariales vinculados a ese país. Durante un encuentro organizado por el grupo vasco del Club de Roma en la Sociedad Bilbaína, advirtió de que "no es el momento de desafiar a EEUU". Asimismo, señaló como problemático que España no esté actuando en sintonía con sus socios europeos y haya optado por una posición más independiente.
Garamendi explicó que el multilateralismo ha perdido fuerza durante la administración de Donald Trump, a quien acusó de centrarse en los asuntos internos y de abandonar el liderazgo basado en valores democráticos. En este escenario internacional, subrayó que Europa es una de las grandes perjudicadas. Retomando una idea del diplomático Javier Solana, indicó que, aunque ya no existe la división entre bloques comunista y capitalista, sí persiste una separación entre países que representan la libertad y otros que no, lo que obliga a posicionarse con claridad.
No obstante, matizó que las discrepancias con el actual liderazgo estadounidense no deben traducirse en una ruptura con el país. Afirmó que, aunque Trump no actúe de la manera adecuada, eso no convierte a Estados Unidos en un enemigo, sino que sigue siendo un socio estratégico clave para España.
En este sentido, recordó que Estados Unidos es uno de los principales destinos de inversión española, con más de 80.000 millones de euros. También advirtió de que, a los efectos de los aranceles, se suma ahora el impacto de la guerra, que calificó de inaceptable, señalando que se están produciendo excesos similares a los vividos en el conflicto de Gaza.
Ante este contexto, defendió que España debería coordinarse más estrechamente con Europa y actuar de forma conjunta. A su juicio, uno de los problemas es que se están mezclando intereses políticos internos, como campañas electorales, con decisiones que deberían responder a una estrategia económica común a nivel europeo. Garamendi también destacó la dependencia energética respecto a Estados Unidos: actualmente, el 20% del petróleo y cerca del 40% del gas que consume España provienen de ese país, especialmente tras sustituir importaciones que antes llegaban desde Rusia. Por ello, insistió en que no es momento de tensar las relaciones.
En relación con la guerra, alertó no solo del impacto en los precios, sino también de los riesgos para el suministro. Criticó que, mientras la Unión Europea estudia cómo afrontar posibles problemas de abastecimiento, en España se esté planteando el cierre de la central nuclear de Almaraz. Además, mostró su preocupación por el distanciamiento con Israel, recordando la importancia de este país como socio.
El dirigente empresarial subrayó que Europa depende en gran medida de tecnología estadounidense e israelí. También recordó que Estados Unidos es el principal inversor en España, con más de 120.000 millones de euros y alrededor de 600.000 empleos directos, lo que, a su juicio, demuestra la relevancia de mantener una relación sólida. Insistió en que es necesario diferenciar entre la opinión sobre un líder político y la relación con su país.
En cuanto a la situación económica, reconoció que España ha crecido por encima de la media europea, pero rechazó que la desigualdad se deba a las empresas o a los salarios. En su opinión, el problema radica en el papel del Estado, al que acusó de concentrar demasiados recursos y de tener una fuerte presión recaudatoria.
Señaló que, pese a un aumento de la recaudación superior a 50.000 millones el pasado año, el Estado incrementó su deuda en 80.000 millones, lo que plantea dudas sobre la sostenibilidad futura, especialmente en escenarios de menor crecimiento.
Por último, defendió la importancia de la gestión pública eficiente y de la propiedad privada. Criticó que se responsabilice a los propietarios de viviendas de la falta de oferta, cuando, a su juicio, el problema es la falta de políticas de inversión adecuadas. En este sentido, pidió cautela frente a un exceso de intervencionismo y reclamó decisiones más acertadas desde el ámbito gubernamental.