(El País, 11-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo
El cierre del estrecho de Ormuz y la prolongación del enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán han provocado una fuerte inquietud en los mercados energéticos. La tensión ha impulsado el precio del petróleo hasta acercarse a los 120 dólares por barril este lunes y ha reavivado las dudas sobre la seguridad del suministro mundial. Por esta vía marítima estratégica pasa aproximadamente una quinta parte del crudo que se consume en el planeta, por lo que su bloqueo ha puesto en evidencia la fragilidad de los países que dependen de las importaciones. En el caso de España y de la mayoría de los países europeos, las reservas estratégicas permitirían mantener el consumo durante algo más de 100 días sin recibir nuevos cargamentos, al menos según las estimaciones actuales.
Estos depósitos de emergencia se concibieron como una red de seguridad frente a interrupciones graves del suministro energético, con el objetivo de evitar que una crisis internacional paralice el transporte, la actividad industrial o la generación de energía. Su creación se remonta a la crisis petrolera de los años setenta y su funcionamiento está coordinado por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que exige a sus miembros disponer de reservas equivalentes a al menos 90 días de importaciones netas de petróleo. Su finalidad es moderar el impacto sobre los precios y dar margen para reorganizar el abastecimiento en situaciones críticas, aunque no están diseñadas para sustituir el suministro durante periodos prolongados.
Cada país mantiene sus propias reservas en función de sus necesidades y capacidades. Según los datos más recientes de la AIE, actualizados en febrero de 2026, España dispone de reservas suficientes para cubrir 105 días de consumo. Esta estimación se obtiene comparando el volumen total de petróleo almacenado -tanto en reservas públicas como en las que mantienen las empresas del sector- con el consumo medio diario. Aunque la agencia no ofrece una cifra oficial del número de barriles almacenados, tomando como referencia las importaciones españolas de 2024, que rondaron los 1,28 millones de barriles al día, se calcula que las reservas de emergencia podrían alcanzar unos 135 millones de barriles.
El sistema español combina las reservas gestionadas por la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES) con los inventarios obligatorios que deben mantener las compañías petroleras. En estos depósitos se almacenan distintos productos, como crudo, gasolina, gasóleo o queroseno, repartidos en instalaciones estratégicas para que puedan utilizarse rápidamente si surge una emergencia. Si se produjera una interrupción del suministro, el Gobierno tiene la capacidad de autorizar la liberación de parte de estas reservas para abastecer el mercado. De hecho, en abril del año pasado se recurrió a esta medida y se liberó un volumen equivalente a tres días de consumo tras el apagón eléctrico que afectó a todo el país.
Aun así, disponer de reservas para más de tres meses no significa que puedan reemplazar de forma indefinida el flujo habitual de petróleo. España no produce crudo y depende por completo de las importaciones, por lo que la eficacia de estas reservas depende tanto de la duración del corte de suministro como de la capacidad del mercado para encontrar rutas y proveedores alternativos. Además, la cadena logística del sector energético está diseñada para funcionar con un flujo constante de crudo. El petróleo es solo la materia prima: debe transportarse hasta las refinerías y procesarse para transformarse en los combustibles que utiliza la economía, como gasolina, diésel o queroseno.
Cuando comenzó el conflicto, muchos analistas pensaban que sería breve. Sin embargo, tras diez días de tensión, algunos expertos empiezan a contemplar la posibilidad de una guerra más prolongada. Ronald Temple, estratega jefe de mercados de Lazard, advierte de que reabrir y normalizar el tráfico en el estrecho podría requerir entre dos y tres meses una vez finalizadas las hostilidades, ya que se trataría de una operación compleja y peligrosa. Una interrupción energética de esa magnitud y duración podría impulsar todavía más los precios internacionales de la energía.
En conjunto, los países miembros de la AIE cuentan con unos 1.200 millones de barriles en reservas públicas de emergencia, equivalentes a más de 90 días de importaciones netas. Dentro de Europa existen grandes diferencias. Países Bajos dispone de la mayor cobertura, con reservas que equivalen a 506 días de consumo. Dinamarca supera los 300 días, mientras que Finlandia y Hungría superan los 200. Según Philippe Waechter, economista jefe de Ostrum AM, la dependencia europea de los combustibles fósiles podría provocar una situación similar a la vivida en 2022, debido a la limitada autonomía energética del continente.
Estados Unidos dispone de reservas suficientes para unos 125 días, según datos del propio Gobierno estadounidense. Además, a diferencia de muchos países europeos, es también productor y exportador de petróleo, lo que le permite aumentar su extracción para abastecer su mercado interno en caso de emergencia. En Asia, Corea del Sur cuenta con reservas para 206 días y Japón para 195. China, por su parte, podría resistir alrededor de 115 días según estimaciones de analistas, ya que el país no publica cifras oficiales. De momento, Pekín ya ha solicitado a sus refinerías que suspendan las exportaciones de derivados del petróleo.
Ante la incertidumbre creciente, los ministros de Finanzas del G-7 -Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Japón- han pedido a la AIE que estudie posibles escenarios para una liberación coordinada de reservas estratégicas. No obstante, esta medida se utiliza en contadas ocasiones. Desde la creación del sistema en 1974 solo se ha recurrido a él cinco veces: durante la primera Guerra del Golfo en 1991, tras los huracanes Katrina y Rita en 2005, durante la crisis libia de 2011 y en dos momentos distintos de la guerra de Ucrania en 2022. En todos los casos se trató de introducir petróleo adicional en el mercado para contener subidas bruscas de precios y ganar tiempo mientras se reorganizaban los suministros.
Incluso si el tránsito por el estrecho de Ormuz se restableciera, el mercado energético no volvería inmediatamente a la normalidad. El bloqueo de esta ruta supone la pérdida de unos 20 millones de barriles diarios en el comercio internacional. Y aunque ese volumen volviera a circular, todavía tendría que ser transportado y refinado antes de convertirse en los combustibles que utiliza la industria.
Un informe de Citi señala que, en caso de interrupción prolongada del tráfico por Ormuz, el principal problema podría no ser la falta de petróleo en sí, sino la escasez de productos refinados. Según sus estimaciones, podrían faltar entre seis y siete millones de barriles diarios de combustibles como queroseno para aviación, diésel, fuelóleo o gasolina. La AIE calcula que, con los inventarios actuales, estos derivados podrían mantenerse entre siete y ocho meses sin nuevas entradas, aunque algunos se agotarían antes que otros. El combustible para aviones sería el primero en escasear, seguido del diésel, en gran parte porque estos productos son más difíciles de almacenar en grandes cantidades.