(El Economista, 24-03-2026) | Laboral
España terminó 2025 con 154.247 puestos de trabajo sin cubrir, la cifra más elevada registrada para un cuarto trimestre en toda la serie histórica. Este récord refleja el dinamismo del mercado laboral, aunque también pone de manifiesto importantes contradicciones. La principal es que ese volumen de vacantes solo permitiría dar empleo al 6,1% de las personas desempleadas, el porcentaje más bajo de la zona euro (y de toda la Unión Europea, solo por delante del 5,5% de Rumanía).
Los datos de Eurostat evidencian esta paradoja del mercado laboral español. Por un lado, se alcanza un máximo histórico en número de vacantes, lo que indica una mejora respecto a los niveles previos a la pandemia. De hecho, ese 6,1% también supone el valor más alto de la serie, señal de que la creación de empleo ha ganado ritmo. Sin embargo, en comparación con otros países de la zona euro, España sigue mostrando los peores resultados. Aunque ya no lidera el ranking de paro -posición que ocupa ahora Finlandia-, sí es el país que ofrece menos oportunidades a sus desempleados, e incluso a quienes ya tienen trabajo.
Las vacantes representan aquellos puestos que las empresas necesitan cubrir de forma inmediata y para los que están buscando candidatos activamente, ya sea a través de servicios públicos de empleo, empresas de trabajo temporal, ofertas publicadas, promociones internas o redes de contactos. Habitualmente, este indicador se mide como proporción del total del empleo (ocupados más vacantes), lo que en el caso español arroja una tasa del 0,9%, también la más baja de la zona euro. Es menos frecuente compararlo con el número de parados, en parte porque en países como Alemania o Países Bajos las vacantes han llegado a superar a los desempleados, alcanzando todavía niveles por encima del 70%.
Esa situación se dio especialmente tras la pandemia, cuando algunos sectores, muy golpeados por la crisis sanitaria, tuvieron dificultades para encontrar trabajadores al reactivarse la economía. España, sin embargo, se encontraba en una situación muy distinta.
Además, la evolución de las vacantes en España ha estado influida por el peso del empleo público. Por ejemplo, en la primera mitad de 2010 se registró un máximo de 190.000 puestos sin cubrir, coincidiendo con el auge del Plan E, que impulsó proyectos municipales y elevó la demanda de empleo en empresas vinculadas a estas iniciativas. En ese momento, el sector público llegó a concentrar el 54% de las vacantes. Posteriormente, ese porcentaje cayó hasta el 20% en 2017, aunque desde entonces ha vuelto a aumentar hasta el 36%.
Aun así, la reducción del desempleo ha provocado que la proporción de vacantes respecto a los parados alcance su nivel más alto histórico, casi triplicando la registrada a comienzos de 2009. Este incremento refleja una creciente tensión entre la oferta y la demanda de mano de obra.
Y es que la comparativa con el resto de Europa dibuja un diagnóstico muy diferente: pese a que España es la cuarta economía de la zona euro, es la que genera menos oportunidades para salir del paro. O al menos para hacerlo en condiciones de estabilidad. Uno de los misterios que encierra el dato de vacantes español es que su número se antoja muy reducido para el cuarto mercado laboral de la zona euro por número de efectivos. Sobre todo, si tenemos en cuenta que los datos de todos los países se recopilan con la misma metodología.
Además, cada año se firman en España 15 millones de contratos, de los que un 40% eran indefinidos. Aunque son menos que antes de la reforma laboral, la pregunta sigue siendo la misma: ¿de dónde salen las ofertas para tantos puestos de trabajo? La explicación está en la elevada rotación entre entradas y salidas del mercado laboral, que hace que las diferentes métricas utilizadas para analizar el mercado laboral no solo no sean comparables entre sí, sino que presenten comportamientos contradictorios.