(El Economista, 29-09-2025) | Laboral
El debate sobre la reducción legal de la jornada laboral continúa abierto, pese al fracaso parlamentario de la propuesta para rebajarla a 37,5 horas semanales. Todo ello sucede en un contexto en el que las estadísticas más recientes revelan que el tiempo efectivo de trabajo en España ha caído a mínimos históricos durante la primera mitad de este año. Según la Encuesta de Población Activa, la media se situó en 35,8 horas semanales hasta junio, el nivel más bajo desde que comenzó la serie en 2002.
La tendencia no es puntual: entre enero y marzo ya se había registrado un mínimo histórico para ese periodo, con 35,9 horas de media. Así, por primera vez se encadenan seis meses consecutivos por debajo de las 36 horas, lo que podría marcar una pauta para el resto del ejercicio.
Ni siquiera durante los momentos más duros de la pandemia se había dado una situación parecida. Entonces, aunque las horas trabajadas llegaron a descender puntualmente hasta 35,5, la recuperación posterior era inmediata en cuanto se levantaban las restricciones. En cambio, en 2025 las patronales advierten de que esos ajustes rápidos ya no son factibles. De hecho, llevan tiempo alertando de que la economía española, pese al crecimiento y al récord de asalariados, está perdiendo capacidad de generar nuevos empleos y se limita a repartir los existentes entre una población en aumento por la inmigración.
Esta reducción progresiva del tiempo efectivo de trabajo no es nueva, pero nunca había mostrado un deterioro tan pronunciado. Para encontrar jornadas cercanas al límite legal de 40 horas hay que retroceder hasta los años previos a la crisis financiera de 2008.
En este marco, las organizaciones empresariales siguen alzando la voz pese al revés que Junts infligió a la propuesta de Sumar para rebajar la jornada a 37,5 horas. El Ministerio de Trabajo, por su parte, busca obtener efectos similares mediante la reforma del registro horario, aunque los cambios que permite la normativa actual son limitados y pueden chocar con la legislación de protección de datos. Con todo, la vicepresidenta Yolanda Díaz ha anunciado que recurrirá al trámite de urgencia para agilizar la aprobación de esta reforma en el Consejo de Ministros.
Sin embargo, los datos reflejan con claridad que el tiempo de trabajo efectivo ya se encuentra en niveles mínimos. Medirlo no es tarea sencilla, dado que está muy condicionado por factores estacionales, por lo que el INE refina su metodología excluyendo vacaciones o bajas médicas, y centrándose solo en las semanas efectivamente trabajadas.
Entre los factores que explican la reducción destacan el aumento del empleo a tiempo parcial y el crecimiento del personal en la Administración pública, donde las jornadas medias suelen situarse por debajo de las 36 horas. De hecho, en el segundo trimestre de este año la media en el sector público fue de 34,5 horas, e incluso cayó a 33,8 en el último trimestre de 2023.
Con estos datos, España se acerca a los países con jornadas más cortas de Europa, comparable a Francia, donde el límite legal está fijado en 35 horas desde principios de siglo. No obstante, el caso francés presenta más flexibilidad: se permite superar ese umbral a cambio de descansos adicionales o vacaciones más largas, y las empresas disponen de reducciones en sus cotizaciones sociales, algo que no se contempla en España, salvo ayudas puntuales a pymes que no convencieron ni a la patronal ni a parte de los socios de Gobierno.
En general, las estadísticas de Eurostat y Eurofound indican que el modelo predominante en la Unión Europea sigue siendo el de las 40 horas semanales, vigente en países como España, Italia, Grecia y buena parte del Este y Norte de Europa. Alemania y Países Bajos, en cambio, fijan un máximo de 48 horas, ampliable a 60 con horas extraordinarias.