(El Economista, 22-05-2026) | Laboral
Durante 2025, los salarios en España aumentaron por encima del 3,5%, un ritmo superior al crecimiento de los precios. Sin embargo, pese a esta mejora, la distancia entre los ingresos netos de los trabajadores españoles y la media de los países del entorno europeo siguió ampliándose. Así se desprende de los últimos datos publicados por Eurostat, que sitúan en unos 3.500 euros anuales la diferencia entre el sueldo neto de un trabajador español y el promedio de la eurozona, una vez descontados impuestos y cotizaciones sociales.
La estadística difundida por el organismo europeo toma como referencia a un trabajador soltero, sin hijos y con un salario equivalente a la media nacional. Según esos cálculos, este perfil percibe en España unos ingresos netos de 25.262 euros anuales, frente a los 28.770 euros de media en los países del euro. La brecha creció en 114 euros respecto al año anterior, lo que supone un aumento del 3,3%. Si se compara con la media de toda la Unión Europea, situada en 26.928 euros, la distancia es algo menor, aunque también aumentó más de un 15% en relación con 2024.
Las subidas salariales pactadas en convenios colectivos y el incremento del Salario Mínimo Interprofesional, que avanzó un 4,4%, no lograron reducir la diferencia con trabajadores de países como Francia, Alemania o Países Bajos. El motivo es que también aumentó la parte del salario bruto destinada al pago del IRPF y de las cotizaciones sociales, especialmente en el caso de estos trabajadores.
El análisis de Eurostat pone además el foco en las diferencias existentes según la situación familiar. Para calcular los ingresos netos medios, el organismo no solo resta impuestos y cotizaciones, sino que añade las prestaciones familiares recibidas por quienes tienen hijos a cargo.
Como resultado, una pareja con dos hijos en la que solo uno de los miembros trabaja alcanza unos ingresos netos de 28.567 euros anuales. Esta cifra prácticamente iguala la media de la eurozona para un trabajador soltero sin hijos y supera en más de 3.300 euros la renta neta de un asalariado español que viva solo y sin descendencia. También se observan diferencias cercanas a los 700 euros entre hogares con dos trabajadores dependiendo de si tienen hijos o no.
Aunque Eurostat no profundiza específicamente en el caso español, parte de estas diferencias se explican tanto por las ayudas familiares como por el propio diseño del IRPF. El sistema contempla un mínimo personal y familiar exento de tributación, es decir, una parte del salario que no paga impuestos al considerarse necesaria para cubrir gastos básicos. Esta cuantía aumenta en función del número de hijos menores de 25 años que conviven en el hogar.
Todos los contribuyentes disponen de un mínimo personal de 5.500 euros. A ello se añaden cantidades adicionales por hijos, que van desde 2.400 euros por el primero hasta 4.500 euros a partir del cuarto. Esto provoca que dos trabajadores con el mismo salario bruto puedan recibir cantidades netas muy distintas según su situación familiar.
En años anteriores, el Ministerio de Hacienda había optado por elevar el mínimo exento para evitar que quienes cobran el salario mínimo tuvieran que pagar IRPF, de manera que la subida del SMI se trasladara íntegramente a su renta disponible. Sin embargo, en 2025 el Gobierno eligió otra vía y creó una deducción específica en lugar de modificar ese umbral. En cualquier caso, esta medida apenas afecta a la comparación realizada por Eurostat, ya que el estudio se centra en trabajadores con salario medio y no en aquellos con rentas más bajas. Aunque el salario mínimo y el sueldo medio se han aproximado en los últimos años, todavía existe una diferencia cercana a los 10.000 euros brutos entre ambos.
Otro de los factores que influye en el aumento de la brecha es la llamada "progresividad en frío". Este fenómeno se produce cuando los tramos del IRPF no se actualizan conforme a la inflación, lo que provoca que parte de las subidas salariales terminen tributando más sin que exista una mejora real del poder adquisitivo. El propio Gobierno reconoció en el Informe Anual de Progreso remitido a Bruselas que en 2025 recaudó 2.300 millones de euros adicionales por no ajustar el impuesto a la inflación. Según el Consejo General de Economistas, esta situación habría supuesto un coste medio adicional de unos 800 euros por trabajador.
A ello se añadió el incremento progresivo de las cotizaciones sociales previsto en la reforma de las pensiones. El Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI) aumentará una décima cada año hasta 2029, cuando representará el 1,2% del salario. No obstante, el impacto directo sobre el trabajador es reducido, ya que actualmente solo asume un 0,13% de esa cotización, mientras el resto recae sobre las empresas.
Todo ello apunta a que el ensanchamiento de la diferencia salarial con Europa responde principalmente a que los ingresos medios crecieron más rápidamente en otros países. Mientras que en España un trabajador soltero sin hijos ganó de media 721 euros netos más al año, países como Países Bajos registraron aumentos superiores a 1.600 euros y Croacia rondó los 1.400 euros adicionales. En términos porcentuales, eso sí, la evolución española se mantuvo muy próxima a la media de la eurozona, con un incremento cercano al 3%.