(Cinco Días, 23-10-2026) | Mercantil, civil y administrativo
El precio del petróleo brent ha superado los 112 dólares por barril, su nivel más alto desde principios de mayo, en un contexto marcado por la incertidumbre sobre la evolución del conflicto entre Estados Unidos e Irán. Aunque el tránsito de crudo por el estrecho de Ormuz se está recuperando hasta aproximarse a los niveles anteriores a la guerra, el temor a nuevos ataques contra instalaciones energéticas mantiene la presión sobre las cotizaciones.
La preocupación por una posible escalada también se refleja en la decisión de Estados Unidos de ordenar la salida de parte del personal y de los familiares de trabajadores de sus embajadas en el reino. Según informa The New York Times, los ejércitos estadounidense e israelí están preparando planes para atacar Irán después de las elecciones de este fin de semana. La operación contemplaría posibles objetivos relacionados con infraestructuras energéticas y arsenales de drones y misiles.
A esta situación se suma un ataque con drones contra el yacimiento petrolífero de Shaybah, propiedad de Saudi Aramco, en el que murieron dos personas, aunque la actividad de las instalaciones no se vio interrumpida. La compañía ha evacuado sus principales instalaciones como medida de precaución. El brent, referencia internacional para los precios del petróleo, acumula una subida superior al 80% en lo que va de año. La guerra entre Estados Unidos e Irán, que se aproxima a su noveno mes sin perspectivas claras de resolución, ha alterado los flujos energéticos procedentes del golfo Pérsico y ha elevado la percepción de riesgo en los mercados internacionales.
Sin embargo, los datos más recientes apuntan a una recuperación de las exportaciones. Según la agencia Kpler, los envíos de petróleo desde la región alcanzaron los 24 millones de barriles diarios la semana pasada, una cifra incluso superior a la media registrada antes del inicio del conflicto. Por su parte, The Wall Street Journal sitúa el tránsito por el estrecho de Ormuz en torno al 82% de sus niveles habituales anteriores a la guerra. Las flotas petroleras privadas y las controladas por los países del Golfo están adoptando distintas estrategias para reducir su exposición a posibles ataques iraníes.
Los analistas consideran que la principal explicación de los elevados precios no es tanto la falta de suministro como el temor a un deterioro de la situación en los próximos días. Al negociarse el petróleo mediante contratos de futuros, las expectativas sobre la evolución del conflicto influyen de forma decisiva en las cotizaciones.
Rebecca Babin, operadora sénior de energía de CIBC Private Wealth Group, señala que la continuidad de las operaciones militares y el riesgo de que la escalada se reanude después de las elecciones están estableciendo un suelo para los precios. Esta incertidumbre dificulta que el mercado consolide nuevas subidas, pero también limita las ventas, ante la falta de confianza en que la situación vaya a mejorar a corto plazo.
Kuwait es uno de los productores de la región que ha conseguido recuperar sus exportaciones de crudo hasta niveles similares a los anteriores a la guerra entre Estados Unidos e Irán, según explicó el consejero delegado de la petrolera estatal kuwaití, Sheikh Nawaf Al-Sabah. No obstante, el país sigue encontrando mayores dificultades para comercializar productos refinados, como el diésel y el combustible de aviación, debido a los riesgos que persisten en la zona.
La tensión también se ha trasladado al tráfico marítimo. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán aseguró haber atacado a cuatro petroleros a los que calificó de «infractores» mientras realizaban operaciones de transbordo de cargamentos en el norte del golfo Pérsico. La información fue difundida por la cadena Press TV a través de la red social X, sin que se precisara cuándo se produjeron los incidentes.
Teherán advirtió, además, de que podría ampliar el alcance del conflicto si continúan los tránsitos por el estrecho de Ormuz que considera ilegales. Estas amenazas mantienen la incertidumbre sobre la seguridad de una de las principales rutas mundiales para el transporte de hidrocarburos y contribuyen a sostener la prima de riesgo incorporada al precio del petróleo.