(Cinco Días, 25-02-2026) | Mercantil, civil y administrativo
La incertidumbre en torno a los aranceles vuelve a sacudir a los mercados y presiona a la baja al dólar, alejándolo de su tradicional condición de valor refugio. La decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos de anular gran parte de la política arancelaria impulsada por el presidente Donald Trump -quien respondió con un arancel global del 15%- introduce un nuevo foco de inestabilidad a corto plazo. Aunque tanto el fallo como la reacción de la Casa Blanca eran previsibles para analistas e inversores, ambos abren un escenario inédito de incertidumbre económica y legal. Desde la banca de inversión consideran que no altera sustancialmente las previsiones de crecimiento e inflación mundiales, pero sí subrayan la persistente debilidad del dólar.
Carsten Brzeski, responsable global de Macroeconomía en ING Research, señala que la sentencia evidencia los límites del poder presidencial y demuestra que el sistema de contrapesos estadounidense sigue funcionando. Sin embargo, no cree que Trump aproveche esta resolución como excusa para abandonar su agenda proteccionista.
El nuevo arancel se basa en la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, que permite imponer tasas temporales ante desequilibrios graves en la balanza de pagos. La medida tendrá una vigencia máxima de 150 días -hasta el 24 de julio- salvo que el Congreso decida prorrogarla, periodo durante el cual la Administración podrá buscar otros mecanismos legales para sostener su estrategia comercial. Los analistas de ING no descartan que, llegado el plazo, el presidente declare una nueva emergencia para reiniciar el cómputo.
La sustitución de los aranceles anteriores por la nueva tasa global reducirá el arancel medio aplicado por EE. UU. del 16% al 13,7%. Desde Nomura estiman que este descenso podría beneficiar a la economía estadounidense, aunque la incertidumbre comercial podría neutralizar parte de ese efecto, lo que en conjunto sería levemente negativo para el dólar. El euro se sitúa en torno a 1,18 dólares, aún por debajo de los niveles superiores a 1,20 alcanzados a finales de enero.
Según Mohit Kumar, economista europeo de Jefferies, la posible relajación monetaria de la Reserva Federal, junto con la incertidumbre política y el creciente distanciamiento de gobiernos e inversores respecto al dólar, apuntan a una debilidad estructural de la divisa estadounidense en los próximos trimestres e incluso años.
Este contexto se suma a la depreciación acumulada desde comienzos de 2025, cercana al 12% frente al euro. ING advierte de que la concentración de riesgos en EE. UU. -desde las valoraciones bursátiles hasta los desafíos fiscales y políticos previos a las elecciones legislativas- mantiene sesgadas a la baja las perspectivas del dólar, y prevé que el euro alcance los 1,22 dólares al cierre del año.
La rebaja efectiva de los aranceles también podría aliviar las presiones inflacionistas y otorgar más margen a la Reserva Federal para recortar tipos, una medida largamente solicitada por Trump pero hasta ahora rechazada por su presidente, Jerome Powell. La inflación estadounidense, que en enero descendió al 2,4%, podría seguir moderándose, lo que facilitaría futuras bajadas de tipos, aunque a la vez intensificaría la debilidad del dólar. No obstante, en Jefferies consideran improbable que estos recortes se produzcan a corto plazo.
Jack Janasiewicz, gestor de carteras en Natixis IM Solutions, destaca que la proximidad de las elecciones legislativas ha situado el coste de la vida en el centro del debate, y que el tiempo necesario para aplicar aranceles alternativos podría ofrecer un alivio temporal a los precios.
Entre los escenarios más adversos derivados del fallo judicial, los analistas de ING contemplan la posibilidad -aunque reducida- de una venta simultánea de bonos del Tesoro, acciones y dólar si los inversores perciben que uno de los pilares de la política económica estadounidense se tambalea. Por ahora, subrayan, ese desenlace sigue siendo poco probable.