(El Periódico, 15-04-2026) | Mercantil, civil y administrativo

El encarecimiento del coste de la vida en marzo fue mayor de lo que se había estimado inicialmente. Las familias están asumiendo, de forma indirecta, el impacto de los últimos conflictos internacionales, y la guerra en Irán -donde el petróleo se ha convertido en un elemento clave- no ha sido una excepción. Su efecto sobre los precios ha sido rápido, especialmente en los carburantes, lo que ha impulsado la inflación hasta el 3,4%, según el dato definitivo publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), una décima más que la cifra adelantada y el nivel más alto desde junio de 2024.

Aunque ya se preveía un repunte de la inflación esta primavera, debido en parte al efecto comparativo tras la caída de los precios de la electricidad el año anterior, el inicio del conflicto ha intensificado esta tendencia. El aumento de los precios de la gasolina y, sobre todo, del diésel ha sido determinante. De hecho, la subida del IPC respecto a febrero -cuando se situó en el 2,3%- supera el punto porcentual, siendo la mayor desde junio de 2022. Sin la rebaja fiscal aplicada por el Gobierno a partir del 22 de marzo, el incremento habría sido aún mayor.

Aunque esta medida solo estuvo vigente durante una parte del mes, su impacto será más visible en los próximos meses. El Ejecutivo calcula que reducirá la inflación entre ocho décimas y un punto durante abril, mayo y junio, con el objetivo de evitar que el encarecimiento derivado del conflicto se traslade de forma duradera a los precios y al poder adquisitivo.

El comportamiento de los carburantes ha sido desigual: la gasolina subió un 4,8%, mientras que el diésel se encareció un 17,9%. Esta diferencia se explica porque Europa produce suficiente gasolina, pero depende del exterior para cubrir su demanda de gasóleo. En cuanto a la electricidad, aunque el desarrollo de las energías renovables ha amortiguado el impacto del gas, las tarifas aumentaron un 4,3% en comparación anual.

Por otro lado, los alimentos y bebidas no alcohólicas ofrecieron un respiro, al moderar su crecimiento del 3,2% al 2,7%, tras varios meses al alza. Esto sugiere que, por ahora, no se está produciendo un traslado generalizado del encarecimiento energético al resto de precios, aunque algunos productos siguen registrando subidas importantes, como los huevos o las legumbres. En términos mensuales, los precios crecieron un 1,2%, mientras que la inflación subyacente -que excluye energía y alimentos frescos- se situó en el 2,9%, ligeramente por encima del mes anterior.

España continúa registrando una inflación superior a la media de la zona euro, y esta diferencia se amplió en marzo: mientras los precios en el conjunto europeo aumentaron un 2,5%, el incremento en España fue notablemente mayor, lo que puede afectar negativamente a la competitividad empresarial.

De cara al futuro, el Banco de España advierte que, en un escenario adverso con un conflicto prolongado y precios energéticos elevados, la inflación podría alcanzar el 5,9% este año y mantenerse en el 3,2% el siguiente. No obstante, los avances en las negociaciones de paz han generado cierto optimismo en los mercados, con la bolsa estadounidense recuperando niveles previos al conflicto y el precio del petróleo por debajo de los 100 dólares. Aun así, la incertidumbre sigue siendo elevada.

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