(El País, 27-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo

La economía española mantuvo en 2025 un crecimiento muy superior al de la mayoría de países europeos. El Instituto Nacional de Estadística (INE) confirmó que el PIB aumentó un 2,8%, el doble que en la zona euro, impulsado principalmente por el consumo y la inversión, que siguen siendo los motores clave de la actividad. Aunque esta cifra es inferior al 3,5% registrado en 2024, consolida a España como la economía avanzada con mayor crecimiento en los dos últimos años.

El final del ejercicio fue especialmente dinámico. En el cuarto trimestre, el PIB avanzó un 0,8%, el mejor dato del año, gracias sobre todo al empuje de la demanda interna, que aportó nueve décimas, mientras que el sector exterior restó una. A lo largo del año, el ritmo fue ganando intensidad con ciertos altibajos: crecimiento del 0,5% en el primer trimestre, 0,7% en el segundo y 0,6% en el tercero. En conjunto, el buen comportamiento de la demanda nacional compensó con creces la debilidad del sector exterior, especialmente gracias al consumo de los hogares, que creció un 3,3% apoyado en la creación de más de medio millón de empleos.

Según Raymond Torres, director de Coyuntura de Funcas, este patrón contrasta con el estancamiento de otras economías europeas y responde a características propias del modelo español. Destaca el peso del consumo y de la inversión en construcción, clave también para afrontar la crisis de vivienda, frente a un sector exterior que resta crecimiento por el escaso avance de las exportaciones y el aumento de las importaciones.

En este sentido, España está absorbiendo parte de las exportaciones de países como China que antes se dirigían a Estados Unidos, lo que ha contribuido a que el déficit comercial aumente más de un 40% en 2025.

Pese a ello, el crecimiento registrado proporciona una base sólida para 2026. El Ministerio de Economía sitúa el punto de partida en un avance del 1,1%, con previsiones iniciales por encima del 2%. Sin embargo, la guerra en Irán ha introducido un elevado grado de incertidumbre que podría alterar estas estimaciones, especialmente por el impacto del encarecimiento energético. Las economías europeas, muy dependientes del gas y el petróleo, ya han visto revisadas a la baja sus previsiones. España podría verse parcialmente protegida gracias a su mayor peso de las energías renovables, aunque no queda al margen del aumento del precio del crudo.

En cuanto al balance de 2025, destacan los buenos resultados de la inversión en bienes de equipo, que creció un 7,4%, y de la construcción, con un aumento del 5,2%, en un contexto de dificultades de acceso a la vivienda. Además, el sector exterior ha ganado diversificación: las exportaciones de servicios no turísticos -como informática, consultoría, ingeniería o telecomunicaciones- aumentaron un 11,1%, reflejando una progresiva modernización del tejido productivo.

El mercado laboral también mostró una evolución positiva. La tasa de paro descendió por debajo del 10% por primera vez en 17 años, dejando de ser España el país con mayor desempleo de la Unión Europea. A ello se sumó un incremento de la productividad por hora trabajada del 0,7%.

Desde la caída provocada por la pandemia en 2020, la economía española encadena cinco años de crecimiento sólido, con aumentos del PIB superiores al 2% en cada ejercicio. Antes del estallido del conflicto en Oriente Próximo, se esperaba mantener esta tendencia en 2026. A finales de abril, el INE publicará el avance del primer trimestre, que permitirá evaluar el impacto inicial de la actual crisis energética sobre la actividad.

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