(Cinco Días, 03-07-2026) | Mercantil, civil y administrativo

Los inversores están reorganizando sus carteras de cara a la segunda mitad del año. A las puertas del verano, una etapa habitualmente marcada por menor volumen de negociación y mayor volatilidad, los mercados reciben con optimismo la caída de los precios del petróleo. A la espera de los datos de empleo en Estados Unidos y de las señales de los bancos centrales desde el foro de Sintra, las Bolsas europeas mantienen una tendencia positiva. En este contexto, el IBEX 35 encabeza las subidas y se aproxima a nuevos máximos de cierre tras avanzar alrededor de un 1% y superar los 19.600 puntos.

El comienzo del tercer trimestre viene acompañado de movimientos de rotación en la renta variable estadounidense. La mejora de algunos indicadores macroeconómicos, la menor tensión geopolítica y el alivio en los precios energéticos han contribuido a reforzar el apetito por el riesgo. La Bolsa española sigue la senda alcista del resto de mercados europeos, aunque con mayor intensidad. El DAX y el CAC 40 registran avances moderados, mientras el Euro Stoxx 50 también se mantiene en terreno positivo.

Uno de los principales factores de apoyo para los mercados es la moderación del precio del crudo. El barril de Brent retrocede y vuelve a acercarse a la zona de los 70 dólares, niveles previos al reciente conflicto en Oriente Próximo. Este descenso se produce en paralelo al avance de las conversaciones entre Estados Unidos e Irán y a la progresiva normalización del tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz, una ruta clave para el comercio energético global.

El presidente estadounidense, Donald Trump, se ha mostrado optimista respecto al desarrollo de las negociaciones con Teherán y considera que se están produciendo avances en cuestiones sensibles, especialmente en materia de desnuclearización. Aun así, persisten riesgos importantes. La tregua reciente mostró su fragilidad tras el ataque iraní a un buque comercial, episodio que volvió a poner de relieve la importancia estratégica del estrecho de Ormuz y la capacidad de Irán para tensionar el suministro energético.

Pese a estos episodios, la continuidad del flujo marítimo ha contribuido a aliviar la presión sobre la oferta de petróleo y a reducir temores inflacionistas. Esta caída del crudo supone además un factor favorable para los bancos centrales, ya que facilita el proceso de desinflación. Desde la Reserva Federal se ha reconocido que las expectativas de inflación han mejorado en las últimas semanas, aunque la evolución del mercado laboral seguirá siendo decisiva para determinar los próximos movimientos en política monetaria.

Los inversores centran ahora su atención en los datos de empleo estadounidenses, que podrían redefinir las expectativas sobre los tipos de interés. Una creación de empleo especialmente sólida podría reforzar la idea de que la Fed mantendrá durante más tiempo una política monetaria restrictiva, sobre todo si la moderación de la inflación pierde fuerza.

Con el riesgo geopolítico parcialmente contenido y una mayor calma en el frente monetario, resurgen las dudas sobre las valoraciones del sector tecnológico, en especial en torno a la inteligencia artificial. Durante los momentos de mayor incertidumbre internacional, las grandes tecnológicas actuaron como refugio para el capital. Ahora, con un entorno macroeconómico más estable, vuelve el debate sobre si el entusiasmo por la IA ya está plenamente incorporado en los precios de mercado.

A medida que aumentan las dudas sobre la capacidad del sector para rentabilizar las enormes inversiones asociadas a la inteligencia artificial, muchos gestores están reduciendo exposición a compañías de semiconductores y buscando oportunidades en sectores más ligados al ciclo económico. La rotación ya no responde solo a identificar a los líderes tecnológicos, sino también a localizar empresas favorecidas por un entorno de crecimiento más sólido y tipos menos restrictivos. Este reajuste está generando movimientos intensos en distintos mercados. Un ejemplo destacado es el KOSPI, que ha sufrido una fuerte corrección debido al castigo sobre los fabricantes de chips. Al mismo tiempo, los futuros estadounidenses anticipan una apertura mixta, con mayor debilidad en el sector tecnológico y mejor comportamiento de sectores industriales y tradicionales.

El creciente nerviosismo alrededor de los fabricantes de semiconductores ha reavivado el debate sobre una posible burbuja en el segmento vinculado a la IA. Analistas de JPMorgan advierten sobre la fuerte divergencia entre la evolución bursátil de las empresas de chips y la de los grandes grupos tecnológicos que financian el desarrollo de la inteligencia artificial. Según la entidad, mantener esa brecha durante mucho tiempo podría generar correcciones técnicas relevantes.

Tras dos años en los que la inteligencia artificial ha sido uno de los principales motores de las ganancias bursátiles, la gran incógnita para el mercado ya no es únicamente quién liderará la revolución tecnológica, sino si los beneficios futuros serán suficientes para justificar unas valoraciones que han crecido a un ritmo claramente superior al de los resultados empresariales.

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