(El País, 19-10-2026) | Fiscal

Frente a los pronósticos más pesimistas, la economía de la zona euro ha mostrado una capacidad de resistencia notable frente a las tensiones geopolíticas internacionales. Las estimaciones del Fondo Monetario Internacional proyectan que el producto interior bruto de la región crecerá un 1,1% en 2026, lo que representa una mejora de dos décimas respecto a sus anteriores previsiones, tras registrar expansiones del 0,9% en 2024 y del 1,5% en 2025. Sin embargo, este desempeño moderado evidencia las limitaciones estructurales del bloque para alcanzar ritmos de actividad más elevados a medio plazo.

El informe de Perspectivas Económicas Regionales para Europa elaborado por la institución señala que el continente se encamina hacia un periodo prolongado de crecimiento tenue, atribuible principalmente a debilidades internas previas más que a los factores adversos externos. En este contexto de estancamiento generalizado, España destaca como la excepción entre las grandes economías comunitarias, con una previsión de crecimiento del 2,5% para 2026, cifra que duplica la media de la zona euro y contrasta con la debilidad de Alemania, Italia o Francia.

El análisis del organismo subraya que la lentitud en la mejora de la productividad, la falta de integración del mercado único y la parálisis en las reformas estructurales impiden a las empresas europeas ganar dimensión y acceder a financiación suficiente. Estas trabas condicionan el potencial de crecimiento a largo plazo de la zona euro, situándolo en torno al 1,1%, lo que significa que la economía mantendría dificultades de aceleración incluso si se disiparan los conflictos geopolíticos y los tensionamientos energéticos.

Las vulnerabilidades de la región acentúan el impacto de perturbaciones como el conflicto en Oriente Próximo y episodios climáticos extremos, que han afectado a las cosechas y a la generación eléctrica. Estos factores han impulsado la inflación general rozando el 4% en septiembre, lo que ha llevado al Fondo Monetario Internacional a elevar sus previsiones de IPC medio al 3,1% para 2026 y al 2,8% para 2027, retrasando el retorno al objetivo del Banco Central Europeo hasta 2028. Por el contrario, la variable subyacente mantiene un comportamiento más estable en torno al 2,2%, sugiriendo por ahora una traslación limitada del shock energético al resto de la cesta de la compra.

En el plano estructural, el centro de estudios atribuye el rezago europeo al ensanchamiento de la brecha de productividad frente a potencias como Estados Unidos, motivado por la menor capacidad de adopción de tecnologías digitales e inteligencia artificial. Adicionalmente, los altos costes de la energía, la fragmentación de los mercados de capitales, el envejecimiento demográfico y la creciente presión sobre las cuentas públicas por el gasto en pensiones, defensa y transición ecológica restan margen para la inversión estratégica y limitan la competitividad global del tejido empresarial.

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