(Expansión, 27-01-2026) | Mercantil, civil y administrativo

La iniciativa del Banco Central Europeo (BCE) de aumentar el riesgo de los bonos contingentes convertibles bancarios -conocidos como CoCos o AT1- o incluso suprimirlos no ha generado un gran impacto en el sector financiero. Muchos expertos consideran que la propuesta no llegará a materializarse y, de hecho, las entidades han continuado emitiendo este tipo de deuda con normalidad.

Sin embargo, la discusión sigue abierta dentro del BCE, especialmente tras la publicación de un nuevo documento de trabajo. En él, la institución sostiene que los CoCos presentan un nivel de complejidad superior al de los productos financieros que estuvieron en el origen de la Gran Crisis Financiera, en alusión directa a la titulización de hipotecas subprime.

El informe recuerda que la crisis de 2007-2009 respondió a múltiples factores, entre ellos la sofisticación excesiva de determinados instrumentos y las carencias regulatorias. De forma paradójica, señala que las titulizaciones y los bonos asociados a ellas resultan mucho más sencillos si se comparan con la deuda surgida como consecuencia de la propia crisis. En este sentido, los CoCos son descritos como instrumentos extremadamente complejos, con importantes dificultades de valoración y, por tanto, con problemas para una correcta formación de precios.

El trabajo, elaborado por Ricardo Correia, de la Universidad Autónoma de Madrid, y Francisco Javier Población García, del BCE, refuerza la postura de la autoridad monetaria de que estos bonos no están desempeñando el papel para el que fueron concebidos.

Los CoCos se diseñaron tras la crisis financiera como un mecanismo de absorción de pérdidas mediante su conversión en capital en situaciones de tensión, con el objetivo de sostener a las entidades emisoras. No obstante, los dos episodios más relevantes en los que se activaron acabaron siendo procesos de liquidación: el del Banco Popular en 2017 y el de Credit Suisse en 2023. En ambos casos, estos instrumentos cumplieron su función regulatoria de trasladar pérdidas a los inversores, pero no sirvieron para salvar a las entidades, sino para facilitar su absorción por Santander y UBS, respectivamente, reduciendo el coste de dichas operaciones.

Con la intención de corregir esta situación, el BCE ha incorporado los CoCos a su propuesta de simplificación de la normativa bancaria en la eurozona. Aunque no ha concretado medidas, la iniciativa ha encontrado resistencia en el sector, que advierte del riesgo de encarecer la financiación de la banca.

El documento vuelve a alimentar el debate al subrayar varios de los problemas asociados a estos instrumentos: la incertidumbre derivada de los detonantes discrecionales, las diferencias de criterio entre supervisores nacionales y la falta de reglas claras para decidir la suspensión del pago de cupones.

Aunque estas objeciones no son novedosas, los autores plantean posibles alternativas. Entre ellas, destacan la deuda subordinada creada tras la crisis financiera -que también puede convertirse en capital- y los bonos convertibles inversos o reversibles, que permiten al emisor decidir en el vencimiento, bajo ciertas condiciones, si devuelve el principal a los inversores o lo sustituye por acciones.

El informe apunta que, por su mayor simplicidad y rentabilidad, los bonos subordinados Tier 2 podrían impulsarse como alternativa a los CoCos AT1. Asimismo, sugiere analizar el uso de los bonos convertibles inversos como sustitutos o complementos, ya que evitan algunos de los problemas, especialmente los relacionados con la valoración. El estudio no desarrolla más estas propuestas y deja en manos del BCE la decisión de ignorar el análisis o explorar nuevas opciones. Mientras tanto, el mercado permanece a la espera: hay en circulación 224.000 millones de euros en CoCos, correspondientes a 332 emisiones de 106 bancos repartidos en 24 países.

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