(Cinco Días, 06-02-2026) | Mercantil, civil y administrativo

La primera cita del Banco Central Europeo en 2026 se ha cerrado sin cambios en el precio del dinero. El organismo ha optado por mantener los tipos de interés sin variaciones por quinta vez consecutiva, en una decisión adoptada por consenso. Con la inflación de la eurozona situada en el 1,7%, muy próxima al objetivo del 2% que guía la actuación del BCE, el Consejo de Gobierno ha optado por la inacción: la última modificación se produjo en junio del año pasado y, por ahora, Fráncfort no da señales de querer alterar el rumbo, ni endureciendo ni relajando la política monetaria.

En su intervención, Christine Lagarde trató de rebajar las expectativas de quienes interpretaban el retroceso de la inflación en enero como un cambio estructural. Atribuyó ese descenso al abaratamiento de la energía por efectos de comparación interanual, subrayó que un solo dato mensual no altera la tendencia subyacente y reiteró que las proyecciones del BCE siguen situando la inflación en torno al 2% a medio plazo. "La inflación está donde debe estar, y nosotros también", afirmó.

Sin nuevas previsiones macroeconómicas hasta marzo y con la tensión comercial impulsada por Donald Trump perdiendo intensidad, el escenario actual está dominado por la estabilidad. Los mercados bursátiles continúan en niveles elevados, sin señales claras de agotamiento; la economía de la zona euro mantiene el pulso gracias a la demanda interna -el PIB creció un 1,5% en 2025- y la tasa de desempleo, en el 6,2%, marca mínimos históricos. El BCE destacó en su comunicado que el crecimiento se apoya en un mercado laboral sólido, unos balances privados saneados, el despliegue progresivo del gasto público en defensa e infraestructuras y los efectos positivos de las anteriores bajadas de tipos.

Tampoco parece inquietar en exceso el fortalecimiento del euro frente al dólar, una cuestión que había generado debate en semanas anteriores. Lagarde recordó que el BCE no tiene como objetivo fijar un determinado nivel de la moneda única frente al dólar. Aunque reconoció que el asunto se abordó en la reunión, restó importancia a las oscilaciones recientes y señaló que el tipo de cambio se mueve dentro de los márgenes contemplados en las previsiones del organismo. Además, subrayó que la debilidad del dólar no es un fenómeno reciente, ya que comenzó en marzo de 2025, y que no detecta motivos de preocupación.

La presidenta del BCE también rechazó vincular la apreciación del euro con la ambición de reforzar su papel internacional. "Una cosa no implica la otra", sostuvo, negando que exista una relación directa entre fortaleza cambiaria y relevancia global. Pese a este panorama de calma aparente, dentro del Consejo de Gobierno empiezan a ganar peso las voces que alertan de un riesgo distinto: ya no la inflación elevada, sino la posibilidad de que los precios se acerquen peligrosamente al estancamiento. En esta evolución influyen tanto el descenso del precio del gas natural -con impacto directo en las tarifas eléctricas- como la debilidad del dólar, que se ha depreciado cerca de un 14% frente al euro en el último año.

Estos factores refuerzan los argumentos del sector más moderado del BCE, favorable a acelerar las bajadas de tipos. Sin embargo, Lagarde no se muestra convencida y considera insuficiente un solo mes de inflación por debajo del objetivo para justificar un nuevo recorte del precio del dinero. Aunque a primera vista una moderación de los precios puede parecer positiva, cuando se aproxima a la deflación sus efectos resultan perjudiciales para la economía: se retrasan las decisiones de consumo, se frenan los salarios y se resienten tanto la inversión como la actividad económica.

Por ahora, no hay indicios de que se repita a corto o medio plazo el escenario de precios negativos observado durante la pandemia. Las últimas previsiones del BCE sitúan la inflación en el 1,9% este año y en el 1,8% el próximo. Solo si el contexto cambiara de forma significativa y la inflación se alejara del entorno de seguridad que ofrece el 2% -como ocurrió en Francia, donde los precios cayeron al 0,4% en enero- volvería a intensificarse la presión para una nueva bajada de tipos.

Persisten, no obstante, algunos riesgos que apuntan a una posible mayor depreciación del dólar y, con ello, a una inflación aún más contenida en Europa. Una Reserva Federal más alineada con las preferencias de Donald Trump, partidario de reducir los tipos bajo el nuevo liderazgo que sustituirá a Jerome Powell, podría acelerar esa tendencia. No obstante, el mercado ya anticipa recortes por parte de la Fed, lo que podría amortiguar el impacto. Lagarde, que coincidió con Kevin Warsh en Nueva York durante la crisis financiera, afirmó conocerlo bien y valoró positivamente su designación como sucesor de Powell.

Más allá del habitual intercambio de señales ambiguas con la prensa sobre el futuro de la política monetaria, Lagarde anunció que remitirá a los jefes de Estado y de Gobierno de la UE, así como a la presidenta de la Comisión Europea y al presidente del Consejo Europeo, un documento con cinco propuestas destinadas a impulsar el crecimiento, la productividad y la movilización del talento en Europa.

Entre las prioridades señaladas figuran el refuerzo de la sostenibilidad de las finanzas públicas en un contexto de aumento de la deuda; el impulso a la inversión estratégica y a las reformas estructurales; la eliminación de barreras internas que lastran el mercado único; una mayor integración de los mercados de capitales mediante la culminación de la unión bancaria y del ahorro y la inversión; y la rápida adopción del reglamento para la creación del euro digital.

Con esta iniciativa, Lagarde aspira a influir en la reunión informal de reflexión que celebrarán los líderes europeos el próximo 12 de febrero, centrada en el fortalecimiento del mercado único, un objetivo que cobra especial importancia ante el deterioro de la confianza en las relaciones con Estados Unidos bajo la Administración Trump.

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