(Expansión, 28-09-2026) | Mercantil, civil y administrativo
El Banco Central Europeo (BCE) considera adecuado mantener el ritmo actual de normalización de la política monetaria. Fuentes próximas al órgano de decisión de la institución señalan que, por ahora, no está previsto acelerar el proceso y descartan movimientos de mayor magnitud, como incrementos de 50 puntos básicos, al menos en el corto plazo.
Aunque la inflación ha vuelto a repuntar como consecuencia de la prolongación del bloqueo del estrecho de Ormuz derivado del conflicto en Irán, en el BCE existe la percepción de que el endurecimiento monetario puede continuar de forma gradual, sin necesidad de adoptar medidas más agresivas o prolongadas. La revisión al alza de las previsiones de inflación no habría alterado, según estas fuentes, el anclaje de las expectativas de empresas y hogares.
El repunte de los precios, además, está teniendo un impacto inferior al previsto inicialmente en algunos ámbitos, con la excepción del componente energético. La propia presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha admitido su sorpresa por la limitada repercusión del shock inflacionista sobre elementos como los alimentos y los salarios, lo que hasta ahora ha evitado la aparición de efectos de segunda ronda de mayor intensidad.
La situación tampoco se considera comparable a la de 2022. El punto de partida de la política monetaria es ahora diferente y las expectativas de inflación a largo plazo permanecen contenidas, en parte porque el BCE ya ha demostrado su disposición a actuar para garantizar la estabilidad de precios. El escenario que comienza a ganar peso es, por tanto, el de unos tipos de interés elevados durante un periodo más prolongado.
El BCE situó hace menos de tres semanas el precio oficial del dinero en el 2,5%, su nivel más alto desde marzo de 2025, aunque todavía se encuentra 150 puntos básicos por debajo de los máximos alcanzados en 2023. En aquel momento, las subidas llegaron incluso a 75 puntos básicos en algunas reuniones, en un contexto en el que la inflación había superado el 10% y mostraba una evolución mucho más preocupante.
Fuentes conocedoras de las deliberaciones aseguran que ni siquiera se ha planteado la posibilidad de adoptar incrementos de mayor intensidad. El debate actual se centra en determinar si es necesario continuar ajustando la política monetaria y en qué medida, pero no existe por ahora un escenario que contemple aumentos de 50 puntos básicos de forma recurrente.
Una de las cuestiones que concentra el debate en Fráncfort es precisamente hasta dónde deberían continuar las subidas para que la política monetaria entre en una fase claramente restrictiva, es decir, aquella en la que las condiciones de financiación comienzan a ejercer una presión significativa sobre la actividad económica. Los cálculos de algunos miembros del Consejo de Gobierno apuntan a que una o dos subidas adicionales podrían situar al BCE en ese escenario.
Tampoco los miembros más prudentes del Consejo consideran cerrado el ciclo de incrementos. Las decisiones continuarán adoptándose reunión a reunión debido a la incertidumbre asociada al contexto geopolítico, pero algunos banqueros centrales contemplan diciembre como una posible fecha para volver a elevar los tipos. Asimismo, la reunión de octubre presenta ahora más posibilidades de cambios que las últimas citas.
Las actuales previsiones de inflación también reflejan un escenario que se aproxima a algunas de las hipótesis más negativas contempladas en las proyecciones elaboradas en marzo. Esto explica que el BCE mantenga abierta la posibilidad de continuar actuando, aunque sin considerar necesario un cambio brusco de estrategia.
En este contexto, la orientación actual apunta hacia incrementos moderados y graduales, posiblemente durante más reuniones de las que se esperaba hace unos meses, pero sin que exista por ahora la necesidad de acelerar el proceso. Las subidas de mayor magnitud siguen siendo una herramienta disponible para el BCE, aunque su utilización podría transmitir una señal de tensión monetaria que la institución considera poco conveniente en las circunstancias actuales.
Además, el banco central parte en este ciclo con la ventaja de haber actuado antes que otras grandes autoridades monetarias. Frente a etapas anteriores, en las que se cuestionó que el BCE hubiera reaccionado tarde al repunte de los precios, en esta ocasión ya ha realizado dos incrementos de los tipos mientras otros grandes bancos centrales han mantenido una posición más estable.