(El País, 30-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo

En apenas un mes, elaborar previsiones económicas se ha vuelto especialmente complejo y arriesgado. La causa principal es la guerra en Irán, que ha generado un nivel de incertidumbre tan elevado -y con tanto potencial de alterar el escenario- que resulta difícil ofrecer estimaciones firmes para lo que resta de 2026.

El Banco de España calcula que la economía española crecerá un 2,3% este año y un 1,7% en 2027, lo que supone una ligera mejora respecto a sus previsiones de diciembre. Sin embargo, introduce un matiz importante: sin las medidas anticrisis aprobadas recientemente, el crecimiento habría sido del 2%, y en ausencia del conflicto alcanzaría el 2,4%. Además, advierte de que el impacto podría ser mayor si la guerra se prolonga, reduciendo el avance del PIB hasta el 2,2% o incluso el 1,9%, dependiendo de la evolución de los precios energéticos.

Algo similar ocurre con la inflación. Aunque ya se esperaba cierta presión al alza por el buen comportamiento de la economía y el consumo, el encarecimiento de la energía provocado por el conflicto ha elevado las previsiones. El Banco de España sitúa ahora la inflación media en el 3% para este año -tras el 3,3% registrado en marzo-, frente al 2,7% de 2025. Sin las ayudas gubernamentales, los precios habrían sido aún más altos. Para 2027, se prevé una moderación hasta el 2,5%, aunque todavía por encima del objetivo del Banco Central Europeo. No obstante, si la situación se agrava, la inflación podría alcanzar niveles mucho más elevados, llegando incluso al 5,9%.

El organismo subraya que el impacto económico del conflicto va más allá de la energía. El bloqueo del estrecho de Ormuz no solo afecta al suministro de petróleo y gas, sino también a otros productos clave como fertilizantes o semiconductores, lo que reaviva las tensiones inflacionistas y recuerda a la crisis derivada de la guerra en Ucrania. A ello se suma un contexto marcado por una gran volatilidad e incertidumbre, que dificulta aún más la elaboración de previsiones.

El Banco de España tuvo que revisar rápidamente sus cálculos tras el estallido del conflicto. Antes de finales de febrero, estimaba un crecimiento del 2,4% para 2026, apoyado en la fortaleza del empleo y del consumo. Sin embargo, la guerra obligó a rebajar estas cifras, aunque posteriormente se ajustaron de nuevo tras la aprobación del paquete de ayudas del Gobierno, valorado en unos 5.000 millones de euros.

Estas medidas, que incluyen rebajas fiscales en la energía y ayudas directas, han permitido amortiguar parcialmente el impacto, recuperando parte del crecimiento previsto. Así, en un escenario central -con el petróleo en torno a los 80 dólares por barril-, la economía crecería un 2,3% y la inflación se situaría en el 3%.

Si los precios energéticos suben más de lo esperado -por ejemplo, con el petróleo cerca de los 119 dólares y el gas en torno a los 87 euros por megavatio hora-, el crecimiento se reduciría al 2,2% y la inflación aumentaría hasta el 3,9%. En este caso, el avance económico en 2027 sería más moderado, del 1,5%, con una inflación cercana al 2%.

En el escenario más negativo, que contempla un fuerte encarecimiento del petróleo hasta los 145 dólares y del gas hasta los 106 euros por megavatio hora, el crecimiento sería aún más débil: un 1,9% en 2026 y un 1,1% en 2027. Al mismo tiempo, los precios subirían con fuerza, alcanzando un 5,9% este año y un 3,2% el siguiente. En definitiva, la evolución económica dependerá en gran medida de la duración e intensidad del conflicto, que ha introducido un elevado grado de incertidumbre en las perspectivas tanto de crecimiento como de inflación.

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