(Cinco Días, 10-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo

El ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán ha sacudido también el escenario político europeo. El riesgo de una nueva ola inflacionista derivada del encarecimiento del petróleo añade presión a los desafíos estructurales que afronta la Unión Europea. El bloque ya se enfrenta a la necesidad de reactivar su economía, reforzar su autonomía energética y militar y evitar quedarse rezagado en la competencia tecnológica global. Para abordar todos estos retos, Europa necesitará movilizar en los próximos años un volumen muy elevado de financiación: al menos 1,3 billones de euros anuales, según estimó Mario Draghi el pasado noviembre. Esta cifra supera con creces los 800.000 millones calculados inicialmente en septiembre de 2024, cuando el expresidente del Banco Central Europeo presentó su plan para reforzar la competitividad del continente. Además, la UE todavía carece de un activo seguro suficientemente atractivo que le permita financiarse en los mercados en las mejores condiciones.

España defiende que la emisión de eurobonos podría ser una solución, una idea que también ha recibido el respaldo del Banco Central Europeo. El Ministerio de Economía, dirigido por Carlos Cuerpo, propone crear un instrumento de emisiones gestionado por la Comisión Europea que alcance un volumen aproximado de cinco billones de euros en un periodo de cuatro o cinco años. A través de este mecanismo, los países de la zona euro podrían cubrir parte de sus necesidades de financiación sin necesidad de mutualizar la deuda ni compartir plenamente los riesgos. Desde el Ministerio señalan que Europa necesita contar con un activo común que sirva de referencia en los mercados y consideran que el momento actual ofrece una oportunidad para impulsarlo.

La propuesta plantea ampliar y prolongar en el tiempo las emisiones que ya realiza la Comisión Europea. Bruselas emite de forma regular bonos respaldados por el presupuesto comunitario para financiar distintos programas, entre ellos el plan de seguridad y adquisición de armamento SAFE, las ayudas crediticias previstas para Ucrania en 2026 y 2027 y, sobre todo, el fondo Next Generation. Actualmente hay en circulación más de 750.000 millones de euros en bonos emitidos por la Comisión. Sin embargo, esta cifra todavía es insuficiente para convertirlos en un activo de referencia comparable, por ejemplo, con la deuda pública alemana. Además, muchos de estos instrumentos tienen una duración limitada, lo que reduce su atractivo para los grandes inversores internacionales que buscan activos estables para carteras a largo plazo. Por este motivo, el Banco Central Europeo pidió a los líderes europeos el pasado febrero la creación de un activo común altamente líquido y seguro en toda la zona euro que amplíe la oferta de garantías de calidad sin debilitar los incentivos a mantener políticas fiscales prudentes.

Para que un activo soberano europeo resulte atractivo debe contar con un volumen significativo. En este sentido, los cinco billones de euros planteados se consideran una dimensión adecuada para captar el interés de los inversores internacionales. Esta cifra coincide con la propuesta presentada en mayo por los economistas Olivier Blanchard y Ángel Ubide, que plantean emitir eurobonos por un valor equivalente al 25% del PIB de la Unión Europea. Aun así, seguiría siendo un mercado mucho más pequeño que el estadounidense, donde la deuda pública alcanza unos 30 billones de dólares. Desde el Ministerio de Economía subrayan que la Comisión Europea cuenta con acceso al mercado y mantiene una calificación crediticia triple A, pero advierten de que actualmente se financia a un coste mayor que otros emisores con la misma nota debido a la incertidumbre sobre sus futuros planes de emisión. Esa situación, según señalan, genera ineficiencias que suponen un coste relevante en intereses.

La idea que el ministro Carlos Cuerpo ha trasladado a sus socios europeos consiste en que la Comisión centralice la emisión de una parte de las necesidades de financiación de los Estados miembros y posteriormente canalice esos recursos hacia cada país. Con ello se lograría un ahorro en los costes de financiación que, según las estimaciones del Ministerio, podría alcanzar varios miles de millones de euros anuales.

Actualmente, los principales emisores europeos acumulan alrededor de ocho billones de euros en deuda soberana en circulación. De esa cantidad, más de 2,5 billones corresponden a Alemania y cerca de un billón a España. Sin embargo, se trata de emisiones dispersas entre distintos países. El modelo de activo seguro propuesto por España implicaría que la Comisión Europea asumiera una parte de las necesidades de financiación soberana, mientras que cada Estado continuaría cubriendo el resto mediante sus propias emisiones. De esta forma, se evitaría el llamado riesgo moral, ya que cualquier desviación presupuestaria se reflejaría en mayores costes en la parte de deuda emitida directamente por cada país.

El contexto político para avanzar en esta idea parece ahora algo más favorable que en el pasado. Durante años Alemania encabezó la oposición a los eurobonos, en un momento en el que podía emitir deuda incluso a tipos negativos gracias a la fuerte demanda de sus bonos, considerados los más seguros de la zona euro. Sin embargo, la situación ha cambiado. Las primas de riesgo se han reducido hasta niveles similares a los previos a la crisis del euro y Alemania se prepara para aumentar su deuda con el objetivo de impulsar el gasto público. Según fuentes del Ministerio de Economía, existe un cambio de mentalidad creciente motivado por la necesidad de reforzar la autonomía estratégica europea, aunque reconocen que el proyecto de crear un activo seguro común aún se encuentra en una fase inicial.

Otra de las iniciativas impulsadas por España para reforzar la financiación de la economía europea es el relanzamiento del mercado de titulizaciones bancarias. Este mecanismo consiste en transformar préstamos en bonos que pueden venderse en los mercados, permitiendo a los bancos obtener liquidez y liberar capital. Durante años fue una herramienta habitual en el sector financiero, pero el mercado se desplomó tras la crisis de las hipotecas subprime en Estados Unidos en 2008. A pesar de diversos intentos regulatorios para reactivarlo en Europa, todavía no ha recuperado su tamaño anterior. El volumen de titulizaciones se ha reducido un 60% hasta los 157.000 millones de euros, apenas el 0,3% del PIB de la Unión Europea, muy lejos del 4% que representan en la economía estadounidense.

El ministro Carlos Cuerpo se ha convertido en uno de los principales defensores de esta vía. Tras mantener reuniones con el sector financiero, tiene previsto plantear en el Eurogrupo la creación de una plataforma europea que permita a los bancos más pequeños acceder a este mercado. En el último año, grandes entidades como Santander, BBVA, CaixaBank y Sabadell han realizado operaciones de titulización por valor de unos 11.000 millones de euros para retirar activos de riesgo de sus balances, aunque las entidades medianas y pequeñas han tenido más dificultades para hacerlo.

El objetivo de la propuesta es crear una plataforma que permita a bancos de menor tamaño participar en titulizaciones utilizando activos compartidos entre entidades de distintos países. Esto facilitaría transformar en bonos los préstamos concedidos a pequeñas empresas y autónomos. La iniciativa forma parte del Laboratorio Europeo de Competitividad, impulsado por España desde marzo del año pasado con el apoyo de Alemania, Francia, Italia, Polonia, Luxemburgo y Países Bajos. Entre las primeras medidas de este grupo se encuentra también la etiqueta Finance Europe, presentada el verano pasado, que busca canalizar hacia inversiones estratégicas parte de los 11 billones de euros que los ciudadanos europeos mantienen actualmente en cuentas o depósitos con baja rentabilidad.

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