(El Economista, 08-04-2026) | Mercantil, civil y administrativo

El anuncio, con efecto inmediato, de un alto el fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán, junto con el compromiso de Teherán de garantizar el tránsito seguro por el estrecho de Ormuz mientras se negocia un acuerdo definitivo, ha provocado una reacción muy intensa en los mercados, de las que suelen quedar en la memoria durante mucho tiempo.

El petróleo ha registrado fuertes caídas, con descensos superiores al 16% en el caso del Brent a lo largo de la mañana. Al mismo tiempo, los futuros de Wall Street anticipan subidas superiores al 2% en la apertura, mientras que las bolsas europeas apuntan a avances incluso por encima del 5%.

Este movimiento viene acompañado de una subida en el precio de los bonos del Tesoro, impulsada por la expectativa de menores presiones inflacionistas, lo que ha reactivado las apuestas por posibles bajadas de tipos por parte de la Reserva Federal. Por su parte, el dólar, que había actuado como refugio durante la crisis, cede cerca de un 1%.

En este contexto, el Ibex 35 podría superar la cota de los 17.800 puntos, un nivel relevante desde el punto de vista técnico. No es solo una cifra simbólica, sino una referencia que separa un simple rebote dentro de una fase débil de la posibilidad de construir una tendencia más estable, incluso con cierto sesgo positivo.

Según explica Joan Cabrero, analista de Ecotrader, en ese nivel confluyen referencias técnicas importantes, como el 61,8% de recuperación de la caída desde los máximos de febrero y la recuperación de dos tercios del descenso, un umbral que, según la teoría de Dow, suele marcar la diferencia entre un rebote puntual y un movimiento de mayor consistencia. A su juicio, el mercado aún no muestra una fortaleza plena, pero sí señales de que hay inversores dispuestos a sostener los precios y a dar continuidad al rebote más allá de un simple movimiento puntual.

Los inversores interpretan que la caída del petróleo puede contribuir a moderar la inflación y favorecer el crecimiento económico. No obstante, algunos expertos llaman a la prudencia, recordando que, aunque la situación se ha calmado, no hay garantías de estabilidad a largo plazo y conviene evitar decisiones precipitadas. Desde esta perspectiva, el escenario actual se valora positivamente en comparación con alternativas más negativas, ya que al menos se ha evitado un desenlace más adverso.

En Europa, la atención se centra en si el EuroStoxx 50 es capaz de superar la zona comprendida entre los 5.900 y 5.930 puntos. Lograrlo reforzaría la credibilidad del rebote y reduciría el riesgo de que se trate solo de un movimiento dentro de un contexto más débil, abriendo la puerta a una fase más lateral que bajista. En cuanto al análisis técnico, los niveles de retroceso del 23,6%, 38,2% y 61,8% tienen su origen en la sucesión de Fibonacci, descubierta en el siglo XIII. Estas proporciones, que aparecen en numerosos fenómenos naturales, también se observan en los mercados financieros.

Cuando un activo sube con fuerza, es habitual que se produzcan correcciones en las que los inversores ajustan posiciones y recogen beneficios. Estos retrocesos no suelen ser aleatorios, sino que tienden a detenerse en niveles donde se restablece el equilibrio entre oferta y demanda. Entre ellos, el 38,2% destaca como uno de los más relevantes en fases en las que la tendencia necesita consolidarse antes de continuar.

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