(Expansión, 02-03-2026) | Mercantil, civil y administrativo
Cada día cruzan el estrecho de Ormuz más de 20 millones de barriles de petróleo procedentes de Irán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos o Irak, lo que equivale a aproximadamente una quinta parte del consumo mundial. Si esta ruta quedara bloqueada durante un periodo prolongado, el precio del crudo se dispararía y tendría un fuerte impacto negativo en la economía global.
Tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, toda la atención del mercado petrolero se centra en este paso estratégico situado frente a la costa suroeste iraní. Por él circula a diario más de un tercio del petróleo transportado por mar en el mundo. Tanto Washington como Teherán han aconsejado evitar la zona por considerarla insegura, lo que ha incrementado el temor a que el barril supere los 100 dólares.
La Guardia Revolucionaria iraní advirtió que navegar por el estrecho ya no es seguro, mientras que el Departamento de Transporte estadounidense pidió a los buques comerciales que eviten la zona, así como el golfo Pérsico, el golfo de Omán y el mar Arábigo, debido a la intensificación de la actividad militar desde finales de febrero.
Aunque ambas advertencias responden a intereses distintos -Irán busca presionar a la economía mundial y Estados Unidos pretende proteger a las compañías-, el efecto práctico sería el mismo: interrumpir una vía esencial para el suministro energético. Un cierre prolongado podría provocar un fuerte aumento del precio del Brent, referencia en Europa, que actualmente ronda los 73 dólares, llevándolo a niveles de tres cifras. El encarecimiento vendría tanto por un posible bloqueo iraní como por una eventual reducción de su producción, lo que disminuiría la oferta global.
El dominio iraní de la orilla norte del estrecho constituye una importante carta estratégica frente a un ataque estadounidense, ya que cualquier interrupción afectaría a toda la economía mundial. Aunque cerca del 90% del petróleo iraní se exporta directamente a China -junto con gran parte del crudo de otros países de Oriente Próximo-, si el gigante asiático tuviera que abastecerse en otros mercados, los precios globales subirían.
En los últimos años, Estados Unidos ha intentado reducir el riesgo de un shock energético mediante alianzas y preparativos logísticos. Como señaló el general Robert H. Barrow, la logística es determinante en cualquier conflicto. En este contexto, la reactivación de los Acuerdos de Abraham entre Israel y varios países árabes, especialmente Arabia Saudí, ha fortalecido la cooperación regional, mientras que la respuesta israelí ha debilitado a grupos afines a Teherán.
Esto ha favorecido un entendimiento entre Jerusalén, Riad y Washington: Israel aporta tecnología para diversificar la economía saudí, Arabia Saudí incrementa la producción de petróleo para contener la inflación -agravada por la guerra comercial impulsada por Donald Trump- y Estados Unidos respalda el acuerdo mientras presiona a Irán, aliado de Rusia.
Como resultado, la OPEP+ decidió aumentar su producción en los meses previos y volver a incrementarla en abril para estabilizar el mercado. Aun así, los datos previos a la apertura bursátil apuntan a una subida del Brent de entre el 8% y el 10%. Solo el tiempo dirá si estas medidas bastarán para evitar un fuerte impacto en la economía mundial.
El crudo West Texas se ha disparado hasta un 13% en los primeros compases de la sesión de este lunes. Un porcentaje que se ha atenuado con el paso de las horas hasta situarse en el 7-8%. "La razón es directa: Irán produce más de tres millones de barriles diarios y controla el estrecho de Ormuz, el cuello de botella por donde circula aproximadamente el 20% de todo el petróleo que se consume en el planeta. Cualquier perturbación en esa ruta -y un conflicto militar es la perturbación máxima- dispara el precio del crudo de forma automática", explica al respecto Sergio Ávila, de IG.
También se ha visto reacción en otra commoditie como es el oro, uno de los activos que sirve -en parte- como termómetro de las tensiones geopolíticas y de mercado. El metal registra un avance en la jornada del lunes que se suma a los ya acumulados en las últimas sesiones, que le han permitido alejarse más de un 14% de los mínimos marcados a comienzos de febrero y quedarse a tan solo un 1% de sus máximos históricos, marcados en las inmediaciones de los 5.415 dólares por onza.
Por su parte, la volatilidad, que cotizaba en las últimas sesiones ligeramente por encima de la media de los últimos doce meses -situada sobre los 19 puntos-, se presume que será otro de los activos que registre fuertes alzas a tenor de la evolución de los mercados de renta variable. No en vano, en Asia, las bolsas cotizan con descensos superiores al 1% en selectivos como el Nikkei de Japón, el Hang Seng de Hong Kong o el Kospi de Corea del Sur. Un comportamiento que los futuros de las bolsas de Europa y EEUU descuentan que van a replicar en el comienzo de la jornada.