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(Cinco Días, 04-05-2021) - Mercantil, civil y administrativo

Si el pasado verano (junio a septiembre incluidos), España tan solo recibió 6,1 millones de viajeros, la previsión para este ejercicio es que la cifra se triplique hasta los 18 millones de turistas. Pese a ello, la llegada de viajeros se quedaría apenas en un 50% de los 37 millones recibidos en el verano de 2019, en un escenario prepandemia. Pero España no está sola en esta competición por atraer viajeros europeos, que, si ya eran tradicionalmente los más fieles a España, ahora lo serán mucho más, siempre y cuando les convenzan los precios y las condiciones sanitarias. Los grandes destinos españoles van a tener que competir con Italia, Grecia, Chipre o Malta para atraer a turistas de la UE ansiosos por viajar tras más de un año de encierro.

La competencia procedente del Norte de África (Turquía, Egipto, Túnez o Marruecos), que floreció desde 2012 gracias a las bajadas de impuestos y de precios no va a suponer un reto este año, toda vez que la situación epidemiológica es sensiblemente peor que en otros destinos europeos y los viajes a esos destinos serán prohibidos o desaconsejados por las autoridades comunitarias. Por lo tanto, la batalla para atraer turismo europeo está entre esos cinco destinos que pujarán por atraer a los 190 millones de turistas (menos de la mitad que lo recibido antes de la pandemia) que se prevé que viajen en los meses de verano.

Al margen del Norte de África y otros destinos más lejanos, como Turquía, la principal batalla de esos cinco países va a ser, aprovechando la tramitación exprés del pasaporte sanitario, atraer viajeros de aquellos países en los que el proceso de vacunación vaya mucho más rápido que en la UE. Es el caso del Reino Unido, en el que más de la mitad de la población ya tiene una primera dosis de la vacuna y en la que se espera alcanzar la inmunidad de rebaño a principios de verano. El gobierno británico trabaja para instalar un semáforo con tres luces (rojo, ámbar y verde). En cualquiera de ellos, los viajeros tendrán que hacer, como mínimo, una PCR a la ida y otra a la vuelta. En 2019, España recibió 18 millones de viajeros británicos, tantos como en todo 2020, y el objetivo es volver a fidelizarlos.

La buena situación sanitaria de España puede ser el principal revulsivo para atraer millones de británicos, aunque el elevado coste de estar limpio del virus (a 100 euros de media cada PCR, el coste para una familia de 4 personas es cercano a los 800 euros) puede llevar a mucha gente a anular su viaje y optar, tal y como hicieron en 2020, por quedarse en sus localidades de origen. Al problema económico se ha unido el último informe de la autoridad sanitaria de Reino Unido, que desaconseja los viajes al extranjero por el riesgo que entraña la importación de nuevas cepas del coronavirus, pese a la presión de los grandes turoperadores (TUI o Jet 2) y de las grandes aerolíneas, ansiosas por reactivar el tráfico aéreo.

El otro gran mercado emisor es Alemania, que también debe mostrar en las próximas semanas sus reglas para prohibir o permitir la movilidad a sus viajeros durante el próximo verano. Será la Unión Europea la que deberá dictaminar las normas a seguir, aunque la presión de Baleares y Canarias ya ha surtido efecto y Alemania las considerará al margen del resto de España. Los dos gobiernos autonómicos están luchando fuerte para lograr abrir corredores turísticos con Alemania y a partir del 19 de mayo con Reino Unido, basándose en el hecho de que su condición de insularidad les proporciona una mayor capacidad de control del virus, ya que todos los que entren y salgan de la isla deben pasar una prueba PCR.

Las negociaciones se han acelerado en las últimas semanas, especialmente en el caso de Alemania y Baleares (el 50% de sus viajeros extranjeros son germanos) gracias a la buena situación epidemiológica del archipiélago. Pese a ello, un leve repunte de los contagios le ha llevado a superar los 50 casos por cada 100.000 habitantes, el límite marcado por el Gobierno alemán para pasar cuarentena a la vuelta del viaje, lo que podría desincentivar a muchos viajeros y obligar al Ejecutivo balear a elevar las restricciones.