(El País, 30-09-2025) | Mercantil, civil y administrativo

La batalla contra la inflación aún no está ganada. En septiembre los precios volvieron a subir, recordando lo difícil que resulta estabilizarlos pese a los años de esfuerzo del Banco Central Europeo (BCE). Según los datos adelantados este lunes por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la inflación interanual se situó en el 2,9%, dos décimas más que en agosto. La inflación subyacente -que excluye energía y alimentos- bajó una décima, hasta el 2,3%.

Desde el Ministerio de Economía explican que este repunte responde al efecto base de los carburantes y, en menor medida, de la electricidad, que este año caen menos que en 2023. El problema es que la comparación se hace con septiembre del año pasado, cuando la inflación marcó un mínimo del 1,5% gracias al fuerte descenso de los combustibles. Por eso se esperaba un dato negativo, incluso peor del publicado: el Instituto Complutense de Análisis Económico (ICAE) anticipaba un 3,3%. A partir de noviembre y diciembre, cuando la comparativa será más favorable, España debería notar un alivio.

El llamado efecto base se debe a que la inflación se mide de forma interanual: si un año antes los precios estaban muy bajos, la variación resulta más alta, y viceversa. Aunque es un recurso estadístico, a menudo se usa políticamente: se le culpa de las subidas, pero rara vez se le atribuye mérito en las bajadas.

El BCE, para evitar estas distorsiones, analiza tendencias de fondo más que datos puntuales. Y en ese sentido, España lleva 11 meses con una inflación superior a la media del euro, actualmente en el 2,1%. La última vez que estuvo por debajo fue en octubre de 2024, con un 1,8%. Desde entonces, no ha bajado del 2%, el objetivo marcado por Fráncfort.

El economista Javier Santacruz apunta a otros factores: el encarecimiento de la electricidad, el mayor gasto de septiembre en educación, ocio y transporte, y la falta de moderación en los precios de los alimentos frescos. Eso sí, en comparación con agosto, los precios bajaron un 0,4%, algo habitual al terminar la temporada turística.

Mientras, el BCE ha optado por mantener una pausa en las bajadas de tipos, satisfecho con la evolución de la zona euro en su conjunto. Pero las diferencias entre países son amplias: Rumanía (8,5%) y Estonia (6,2%) siguen muy afectadas, mientras que Francia y Chipre rozan la deflación. España se sitúa en un punto intermedio, pero con la dificultad añadida de ser la economía avanzada que más crece, impulsada por un mercado laboral en máximos históricos, lo que tiende a presionar los precios.

Para Raymond Torres, director de coyuntura en Funcas, España cerrará 2025 con una inflación en torno al 2,5%, aún por encima de la media europea. Identifica dos focos de tensión: los servicios, con subidas superiores al 3% por la fortaleza del turismo y otros sectores, y los alimentos no elaborados, que han aumentado más de un 5% durante casi todo el año. Factores globales como el cambio climático, los problemas en las cadenas de suministro, las tensiones comerciales o la guerra en Ucrania también explican esta persistencia.

El BCE ha puesto el foco recientemente en la alimentación, que en España se ha encarecido un 34% desde 2019, ligeramente más que la media europea. El organismo advierte de que este alza golpea especialmente a los hogares con menos ingresos, para quienes la cesta de la compra representa un gasto mucho mayor. Según su estudio, uno de cada tres hogares en Europa renuncia a comprar ciertos alimentos por no poder permitírselos.

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