(El País, 29-09-2025) | Mercantil, civil y administrativo

La economía española consolida su papel de referente entre los países desarrollados. El PIB avanzó un 0,8% entre abril y junio, según los datos definitivos publicados por el INE, una décima por encima de la estimación inicial. En comparación con el mismo trimestre del año anterior, la actividad creció un 3,1%, superando en tres décimas lo previsto. Todo ello en un contexto internacional complicado, marcado por las tensiones comerciales desatadas por Donald Trump con amenazas arancelarias a más de un centenar de países.

A nivel interno, el panorama fue mucho más favorable: la creación de empleo alcanzó un nuevo récord con más de 22 millones de ocupados, impulsando la demanda nacional, que explicó en su totalidad el crecimiento trimestral. El consumo de los hogares subió un 0,8% y la inversión un 1,8%, mientras que la aportación del sector exterior fue prácticamente nula.

Con este resultado, España encadena ocho trimestres seguidos creciendo al menos un 0,6%, ampliando la distancia con economías como la francesa, que apenas avanzó un 0,3%, o la alemana, que retrocedió un 0,3% en el mismo periodo. Además, las sucesivas revisiones estadísticas han ido reforzando la solidez de las cifras: el PIB de 2024 se corrigió al alza hasta el 3,5%, y los expertos anticipan que este año el crecimiento se acercará al 3%.

El dinamismo de la economía española ha despertado una mayor atención internacional, ya que en 2024 fue responsable de cuatro de cada diez puntos de crecimiento de la zona euro, tendencia que parece repetirse en 2025 gracias al vigor del consumo privado y la inversión. Ambos factores han reemplazado al turismo y al gasto público como motores principales, en un momento en que las exportaciones crecen con menos fuerza y las importaciones aumentan un 1,6%.

Desde Funcas, la analista María Jesús Fernández subraya que las revisiones al alza del INE pueden obligar a recalibrar previsiones y situar el crecimiento en torno al 3%. No obstante, advierte de un matiz: el avance actual depende más del consumo privado y algo menos de la inversión, lo que considera una evolución "menos equilibrada".

El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, calificó estos resultados de "confortables" para alcanzar el objetivo oficial de un crecimiento del 2,7% en 2025, con la posibilidad de revisiones al alza. Defendió además que las buenas cifras macroeconómicas tienen reflejo en la vida diaria, gracias a la mejora del poder adquisitivo derivada de salarios que suben por encima de la inflación.

En el desglose sectorial, todos los grandes bloques registraron avances salvo el sector primario (-6,4%). La industria creció un 0,9%, la construcción un 2,3% y los servicios un 1%. El turismo extranjero, aunque sigue cerca de batir récords con unos 100 millones de visitantes, pierde peso en el PIB, compensado en parte por la inversión en bienes de equipo y la construcción.

El empleo también mantiene su fortaleza: las horas trabajadas subieron un 1,3% interanual, mientras que la productividad por hora se elevó un 1,7%. Las rentas salariales crecieron un 7,1% gracias tanto al incremento del empleo como a las mejoras retributivas.

En paralelo, septiembre trajo buenas noticias financieras: la prima de riesgo cayó a mínimos de 19 años y España paga menos intereses que Francia por su deuda. Tanto el Banco de España como la OCDE han elevado la previsión de crecimiento al 2,6%, y el Gobierno ya apunta a un 2,7% para 2025.

Aun así, persisten riesgos externos: Estados Unidos reactivó una agenda arancelaria que afecta a sectores como los fármacos o los muebles; el Reino Unido vive una crisis política con Nigel Farage ganando apoyos; Francia atraviesa una creciente inestabilidad y su deuda ha sido degradada; y Alemania confía en el impulso de la inversión pública para salir de su atonía.

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