(El Economista, 22-09-2025) | Laboral

Se trata de la cifra más baja desde 2009, aunque todavía es un 95% superior a la registrada en el segundo trimestre de 2008, justo antes del estallido de la Gran Recesión. En el caso de los desempleados de muy larga duración -aquellos que superan los dos años sin trabajo-, el incremento alcanza el 142%. Por el contrario, entre quienes llevan menos de un año buscando empleo se observa una reducción del 16% respecto al nivel previo a la caída de Lehman Brothers.

La conclusión es clara: aunque la tasa de paro ha descendido de forma significativa en los últimos años hasta situarse en niveles similares a los anteriores a la crisis financiera, la duración media del desempleo continúa siendo mayor. Es decir, las personas tardan más en reincorporarse al mercado laboral, lo que plantea un reto evidente para las políticas activas de empleo.

En este tiempo, el paro de larga duración ha pasado de representar el 21,2% al 38,8% del total de desempleados en España. Se trata de un porcentaje superior al de cualquier año previo a la crisis financiera: el máximo anterior se alcanzó en 2002, con un 37%, en un contexto marcado todavía por la resaca de la crisis de 1996 y los ajustes realizados en empresas públicas y distintos sectores para cumplir los requisitos de entrada en el euro.

Si se analiza en términos de población activa, la tendencia se confirma. La tasa de paro del segundo trimestre se situó en el 10,29%, la más baja desde comienzos de 2008 y ligeramente inferior al 10,36% registrado entonces. Sin embargo, el peso del desempleo de larga duración dentro de esa tasa ha crecido: antes suponía 2,2 puntos porcentuales y ahora alcanza los 3,99.

La crisis financiera de 2008 fue global, pero en España se distinguió por su intensidad y por su prolongación en el tiempo. A día de hoy, el país sigue siendo el que presenta la mayor tasa de paro de la UE-27, un fenómeno estrechamente ligado al peso del desempleo de larga duración.

La serie histórica revela que la Gran Recesión no solo frenó los avances previos en la reducción del paro, sino que generó un fuerte desequilibrio: en 2012 el paro de larga duración superó con claridad al de corta duración y llegó a representar el 62% en junio de 2014. Esa distorsión no comenzó a corregirse hasta 2018, cuando la recuperación estaba ya consolidada.

Posteriormente, la situación se estabilizó, aunque la pandemia volvió a tensar las cifras. La brecha entre parados de corta y larga duración se estrechó, sin llegar a cerrarse ni invertirse, pero recordó que el problema estructural del paro de larga duración sigue muy presente y limita la capacidad de reducir el desempleo a niveles históricamente bajos.

El panorama es aún más preocupante si se observa que el grupo que más ha crecido es el de los desempleados de más de dos años: su número se ha disparado un 142% respecto a 2008, frente al 48% de los que acumulan entre uno y dos años. Actualmente aportan 2,49 puntos a la tasa total de paro, cuando en 2020 solo sumaban 1,1. En el resto de parados de larga duración la contribución ha pasado de 1,1 a 1,5.

Aun así, los datos actuales están lejos de los picos alcanzados durante la Gran Recesión, cuando entre 2012 y 2015 los desempleados de "duración extrema" llegaron a superar a los de menos de un año, reflejando no solo una pérdida masiva de empleo, sino también de oportunidades de reincorporación a medio y largo plazo.

De esta evolución surgen dos grandes preguntas: ¿por qué ha aumentado tanto el peso del paro de larga duración? y ¿es posible revivir una situación similar a la de la Gran Recesión? La primera respuesta apunta al envejecimiento del colectivo: en 2008, el 25,7% de los desempleados de larga duración tenía más de 50 años; hoy representan el 44,1%, el nivel más alto de la serie. Entre los que superan los dos años sin trabajo, la proporción ha pasado del 30,2% al 50,1%. Este grupo es, además, el que más dificultades encuentra para reinsertarse laboralmente.

La segunda cuestión remite al papel de las políticas públicas. El desempleo en general tiende a descender con el ciclo económico, independientemente de la normativa laboral, pero reducir el paro de larga duración requiere de medidas específicas. En especial, cuando se concentra cada vez más en colectivos con serias barreras de empleabilidad.

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